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Panamá, domingo 30 de septiembre de 2007
 

WASHINGTON, DC.

De espaldas al país

919074Betty Brannan Jaén

Esta semana hemos confirmado nuevamente que a la Presidencia no se le puede creer lo que dice y que al presidente Martín Torrijos no le gusta que el país sepa lo que hace en sus viajes al exterior. Esta falta de transparencia no solamente debe preocuparnos de un gobierno democrático, sino que da pie a que presumamos lo peor de la agenda encubierta que el Presidente lleva en el bolsillo cada vez que sale de Panamá.

El jueves descubrí que Torrijos había hecho un viaje secreto a Washington el día anterior. Lo califico de "secreto" porque la agenda divulgada de antemano por la Presidencia por ningún lado mencionó que el Presidente haría una escala en Washington, ni se informó después del hecho. La Embajada de Panamá en Washington no respondió a mis preguntas el jueves y el viernes, pidiendo confirmación de la visita, y la Presidencia solo la confirmó después que yo la había verificado de otras fuentes.

Hasta el momento, mi información es que Torrijos utilizó su estadía en Washington para reunirse con algunos miembros del Congreso de Estados Unidos, donde la elección de Pedro Miguel González como presidente de la Asamblea ha causado un estorbo inesperado a la aprobación del tratado de promoción comercial (TPC). A primera vista, no tiene nada de malo que el Presidente haga cabildeo en Washington a favor del TPC, pero entonces, ¿por qué tanto secreto? ¿Qué más ocurrió en este viaje presidencial que no nos han dicho?

Además, como siempre, la agenda divulgada esta vez por la Presidencia tenía grandes vacíos inexplicados -escondía más de lo que revelaba. Yo supe de antemano que Torrijos estaba gestionando una reunión con el congresista neoyorquino Charles Rangel (demócrata clave para la ratificación del TPC), y así lo informé, pero la agenda dada de antemano no lo mencionaba. Solo después descubrimos en un comunicado de la Presidencia que la reunión con Rangel se había dado, y la Presidencia describió el encuentro como lo que los norteamericanos sarcásticamente tildarían un lovefest. Según la Presidencia, Rangel salió de la reunión prometiendo el sol y las estrellas en cuanto a su apoyo al TPC.

Pero el día siguiente, aquí en Washington, Inside U.S. Trade y The Hill reportaron declaraciones de Rangel que pintaban un cuadro muy distinto. El tema González "es como un gorila de 800 libras en toda la mitad de la sala", dijo Rangel a medios norteamericanos. Agregó, con aparente sarcasmo, refiriéndose al asesinato del que González está acusado en Estados Unidos, que "si quieren que consideremos [el acuerdo panameño], ¿van a decir que este tipo [González] no existe o que eso nunca ocurrió?" Si esa es la actitud de Rangel, es imposible que él no se lo haya recalcado a Torrijos cuando se reunieron en Nueva York, pero esto también quedó omitido del comunicado de la Presidencia. Curioso, ¿no?

Subrayo que esta no es la primera vez que pescamos al gobierno de Torrijos en omisiones -por no decir mentiras- sobre la agenda de sus viajes. El año pasado se le descubrió un viaje secreto a Punta del Este. En abril de este año, antes de una visita de Torrijos a Washington, descubrí que Torrijos había programado una cita secreta con el secretario de Defensa, Robert Gates, para hablar "de toda una gama de temas de seguridad" (palabras del Pentágono). La agenda dada por la Presidencia ni siquiera señalaba que seguridad era uno de los temas que se discutirían en la visita a Washington. Habiéndolo confirmado por mis propias fuentes, dos veces pregunté a los funcionarios de Torrijos sobre la cita y dos veces me lo negaron. Lo admitieron después -con pomposas fotos- cuando no les quedaba otro remedio.

Ahora nos dicen que Torrijos regresará esta semana a cabildear nuevamente en el Congreso para aprobación del TPC, cosa que no tendrá nada de criticable si lo hace con la transparencia debida. En los tres años de este gobierno, esta es la sexta columna en que advierto que necesitamos fiscalizar mucho más de cerca los viajes de este presidente y los del futuro. Es intolerable que un presidente que dice tener compromiso democrático y concepto moderno de gobierno pretenda que el país no tiene derecho a saber exactamente lo que hace en sus viajes, insultándonos con comunicados encubridores y "periodistas" a sueldo estatal. Que un mandatario actúe de frente al pueblo, no a espaldas, es simplemente cosa de buen gobierno y de manos limpias.

La autora es corresponsal de La Prensa
 
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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