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Panamá, domingo 30 de septiembre de 2007
 
Tema de portada
Erika y Vicky:
 
El musical ‘Chicago’ explora la violencia humana a partir de dos asesinas convertidas en figuras mediáticas. 
 
DANIEL DOMÍNGUEZ Z. 
mosaico@prensa.ocm 
 
Jazz, alcohol, trajes diminutos y fiestas interminables. En el Chicago de los años 20, bailar, tomar ginebra y tener sexo eran los mandamientos a cumplir en los cabarets de la ciudad de los vientos. Ese mundo es retratado en la pieza teatral Chicago, dirigida por Bruce Quinn, quien trae a escena el decadente universo de vitales chicas del vodevil, y las actrices panameñas Erika Baum, Vicky Greco y Juliette Roy se meten en esas letales pieles.

Roxy Hart (Greco) parece un tierno ángel caído del cielo, y Velma Kelly (Baum y Roy) es un bombón sexual que paraliza el tráfico. Pero, cuidado, nada de santas palomas, ambas representan riesgos y complicaciones. ¿Una prueba? Están en la cárcel por asesinas. Una le dio dos tiros a su amante luego de que le incumpliera una promesa de convertirla en la estrella del night club Onyx, y la segunda se despacha a su esposo y a su hermana cuando los descubre en un hotel jugando a papá y mamá.

Son los personajes claves de Chicago, musical que estará en el Teatro en Círculo del 9 al 31 de octubre. A Quinn lo acompañan en este proyecto las productoras Nicky de Roy y Diana Abouganem, Dino Nugent como director musical, Melina Samaniego y Ricardo Moreno en las coreografías, y Charles Brannan en el vestuario.

Entre actores, bailarines y cantantes habrá 22 artistas en escena, más ocho músicos y 19 personas estarán tras bastidores. Cabe señalar que en 10 funciones a Erika Baum la suplantará Juliette Roy como Velma Kelly.

Un desafío

La periodista Maurine Dallas Watkins cubrió en 1924 el proceso penal de una asesina en Illinois. Esto la llevó a escribir Chicago, cuyo estreno fue en Nueva York en 1926. En 1975, el bailarín y coreógrafo Bob Fosse la transformó en musical.

A diferencia de otros musicales escenificados en Panamá, Chicago está fresco en la memoria del público, ya que se hizo una versión cinematográfica en 2002, que ganó seis premios Oscar, incluyendo mejor película, y recaudó 306 millones de dólares a nivel planetario. A Roxie la encarnó en la pantalla grande Renée Zellweger y Velma fue una tarea de Catherine Zeta-Jones, por la que obtuvo una estatuilla dorada.

¿Esto es bueno? El pro para Erika Baum, que debutó en Grease (1998), es que Chicago está vigente y los espectadores querrán verla. “El contra, comparar la obra con la película, lo que es injusto, porque son dos expresiones artísticas diferentes, aunque el público cree que son lo mismo”.

Vicky Greco, que se inició en el teatro con Maestra Vida (1997), está clara en que las comparaciones interpretativas serán obligatorias. “Lo que deben recordar es que para cine hay que ser muy natural y para teatro hay que ser un poco más expresiva”.

Humanidad sin cambios

-“Bienvenidos, damas y caballeros. Están a punto de ver una historia de crimen, codicia, corrupción, violencia, explotación, adulterio y perfidia”.

Desde un principio, un narrador advierte los azarosos ejes temáticos que se abordarán. ¿Chicago es una apología a las bajas costumbres? “No los celebra. Te los muestra desde una visión sarcástica. Plantea cómo la gente pasa por encima de los demás para lograr sus fines. Es un reflejo de nuestra realidad y por eso es auténtica y vibrante”, dice Baum, quien hasta hace año y medio era la voz femenina de la banda Roba Morena.

Juliette Roy, egresada del Emerson College de Boston, Massachusetts, en el área de producción y dirección de cine, comenta que nunca vio Chicago como “un homenaje al crimen, sino algo para disfrutar”.

Vicky Greco, premio Escena Revelación Femenina 1999 por West Side Story, manifiesta que Chicago le advierte al público que el proceder de las asesinas es incorrecto y que “todos tenemos esa maldad dentro”.

Roxy engaña constantemente a su esposo Amos, un honesto mecánico. La prepotente Velma era la reina de los tabloides hasta que aparece Roxy. Sus compañeras de prisión son prendas del mismo calibre, pues eliminaron a sus compañeros por adúlteros o porque les incomodaba la manera en que masticaban chicle. “¿Quién dice que asesinar no es un arte?”, dice Roxy en un momento de Chicago. Vaya, en el boletín de kinder no les ponían caritas felices a estas señoritas.

“Esta obra es para adultos, no es que va a causar un efecto en alguien que no tenga ya su criterio bien formado. Se nota a leguas que es comedia y no está supuesta a ser real”, opina Roy, quien arrancó en el ambiente teatral con Amor sin Barreras (1999).

Por supuesto que es condenable el comportamiento de Velma y Roxy, pero Baum destaca que Chicago es “sobre rebeldes”. ¿Por qué interpretarlas? “Siempre los personajes difíciles llaman la atención porque tú no eres así y te interesa explorar ese lado oscuro que todos tenemos”.

Juliette Roy aclara que Velma no es asesina per sé, sino que las circunstancias la llevan a cometer este delito. “Es divertido ver los matices de una persona que mata a sangre fría. Velma dice ser muy segura, pero tiene los mismos miedos e inseguridades que cualquiera”.

En tanto, Vicky Greco, la única casada del trío, agrega que se trata de mujeres decididas. ¿El problema? “Todo es para sus beneficios. Atacan a los hombres y eso a las mujeres de la época les parecía wao, porque había mujeres que se estaban rebelando. No es mentira que las mujeres al casarse pierden algo de identidad, más en ese tiempo que ahora. Salían de la casa paterna para entrar a la casa de su marido para servirlo y de pronto salen estas dos inconformes matando a sus esposos y amantes”.

Mientras que Erika Baum, quien está terminando la carrera de Mercadeo y Publicidad, se define entre conservadora y contestataria. “Tengo un poquito de todo, aunque no soy extremista. Soy más mediadora”.

En tanto, si se le pide a Greco un autoanálisis se califica de “intranquila y revoltosa. No me gusta hacerle daño a nadie. ¿Yo haría cualquier cosa por ser famosa? No creo”.

Ser asesina en la ficción le permitió a Vicky Greco explorar los estragos de la locura. “Es interesante cómo una persona puede sacar provecho de un crimen, Roxy no debe estar muy bien de la cabeza. Es rápida en sus acciones y como un gato sabe caer. Es antipática, no conoce los escrúpulos y la decencia, quizás porque está insatisfecha”.

“Velma es muy agresiva. Te dice lo que piensa de ti en tu cara y le vale cebo si te pones triste por eso. Yo para nada, soy muy guardada, voy por el camino correcto, trato de dar todo lo que pueda, pero sin hacer cosas locas para complacer a nadie”, dice Juliette Roy, directora ejecutiva de E-Motion Television Ad & Films.

El trío interpretativo admite encantado que es agradable ser una chica de armas tomar, por lo menos mientras están dentro de los linderos de Chicago. A Erika Baum le fascina porque “te da permiso de hacer esas cosas que uno deja de hacer por ser buena o por no pelearte con nadie te aguantas ciertas cosas, pero con Velma puedes ser malvada y nadie te puede decir nada”.

Como dice el adagio popular, las chicas malas se divierten más. Ese es el lema de Vicky Greco, por lo menos en proscenio. “Tienen más jugo que las buenas, a las que no puedes llevar a muchos extremos porque son planas. Las malas tienen todo tipo de sabores y texturas”.

Paralelismos con Panamá

¿Panamá tendrá algún parecido con ese tumultuoso Chicago? “La obra ocurre hace 70 años, y en teoría la humanidad debería haber cambiado, pero ahora pasa lo mismo”, plantea Baum, cuya labor fuera de las tablas es coordinar proyectos de bienes y raíces.

Vicky Greco lo agarra por el lado de los jóvenes panameños delincuentes que hacen lo impensable y salen de la cárcel sin dificultad. “Matan o roban y salen a los seis meses. Luego reinciden”.

Ya que se está en eso, ¿se puede hablar de percepciones cuestionables de los adultos? Por ejemplo, hay quien pensará que los muchachos son unos cabeza de chorlito. “Hay un punto medio”, plantea Vicky Greco, graduada del American Musical and Dramatic Academy de Nueva York. “Los jóvenes no son tontos, pero también los hay que sí piensan que se van a comer al mundo y eso es normal, creo que ese parecer hay que tenerlo en cierta medida, pues si no fueran así no tendrían objetivos”.

En Panamá, de acuerdo con Erika Baum, se subestima a los jóvenes. “Lo que pasa es que venimos con otro chip y por eso no nos entienden. Somos más hiperactivos y si eres chico te cargan de ritalina o te tachan de loco, cuando quizás buscamos mayor atención o será porque los padres quieren que vivamos como adultos más rápido de lo normal”.

Mientras que Roy considera que “a los jóvenes ya no les puedes echar un cuento chino, ya saben demasiado. Son un grupo que tiene mucho poder de decisión”.

¿Entre los intereses juveniles estará la política? Erika ha visto extremos, “tanto mucho como poco. Fue la generación que se unió en torno a un candidato en particular en las pasadas elecciones y se presentó a votar como no había pasado anteriormente. Pero no sé hasta qué punto les interesa la política. Es más un asunto de imagen y de formar parte de algo que está pasando”.

Vicky Greco cree que la política criolla “sigue siendo manejada por la gente mayor porque tiene más experiencia. Eso lo entiendo, pero los jóvenes deberían tener un poquito más de credibilidad, que no todo sea: ‚tú eres un pelaíto, qué sabes tú”.

Derecho torcido

Billy Flynn, el abogado que defiende a Roxy y a Velma, es un vanidoso que solo piensa en su bolsillo. Adora las corbatas de seda y los botones de rubí tanto como engañar a los miembros del jurado, alterar los procesos judiciales y aparecer como el supuesto paladín de damas en peligro.

“Eso me encanta de Chicago”, dice Baum. “Te muestra el show business del derecho. El abogado maneja a todos como si fueran muñecos. Es una especie de Dios que maneja a todos y hace que hagan lo que él quiere”.

Para Juliette Roy “los abogados, quiéranlo ellos o no, su trabajo es manipular la ley para poder ganar sus casos”.

Vicky Greco anota que “hay muchísimos abogados que son así y viven de eso, pero ni modo, no los podemos mandar al fondo del mar. Por suerte siempre hay algunos que hacen las cosas correctamente”.

Figuras mediáticas

En Chicago, los fotógrafos y reporteros están a la caza de la noticia, preferiblemente si es de corte sensacionalista. Lo suyo es vender periódicos y mantener altos niveles de audiencia radial. El cómo es lo de menos. En este musical son retratados como unos títeres que se mueven de acuerdo a las mentiras de un abogado y de unas convictas que inventan lo que sea con tal de salir libres de sus celdas.

“Muchas veces a los periodistas se les convence de algo y salen corriendo a defenderlo. Te hacen caso porque los manipulas”, dice Erika Baum.

¿Quién no quiere recibir aplausos? Por eso hay hambre de notoriedad de parte de Roxy y Velma, pero la sociedad también es capaz de hacer hasta lo imposible por encontrar un sol que ilumine sus opacas existencias. Chicago pone de manifiesto que todo puede convertirse en un espectáculo. Hasta la muerte es un elemento de distracción.

Gracias a los medios de comunicación, las reclusas de Chicago marcan pautas de comportamiento en una sociedad hipócrita. Las mujeres quieren peinarse o vestirse como Roxy y Velma, y los caballeros sueñan con tenerlas entre sus brazos.

Para Baum es una lástima que el amarillismo atrape tanto en Panamá. “No se por qué el público es así, pero la masa busca muertos en los tabloides. Chicago hace alusión a eso. A muchos no les interesa tanto saber a quién mataron y por qué, sino el lado del chisme y las intrigas”.

Incluso, comenta Juliette Roy, “la violencia está hasta en los programas infantiles, que son de pelear contra monstruos. Los chicos son más agresivos de lo que eran antes y los medios tienen demasiada fuerza, están en todas partes. El morbo del ser humano no se puede evitar, ¿para qué fomentarlo más?, ¿para hacer más plata?”.

Vicky Greco indica que ayer y hoy la sangre causa una de dos reacciones: sensación o repulsión. “No todos compran esos periódicos, a otros sí les gusta. Bueno, es normal”. Lo condenable es transformar a los asesinos en figuras mediáticas. “Más gente quiere matar para hacerse famosa, cuando hay otras formas mejores para alcanzar la celebridad”. Por eso le gustan los mensajes que ofrece Chicago: “hacer el bien y no mirar a quién, y no te aproveches de los demás porque no vas a quedar bien parado al final”.

Restricciones y retos

Conseguir los permisos de los productores en Nueva York para montar Chicago fue un proceso lento. Cuando dieron luz verde hubo algunas restricciones.

Erika Baum enumera algunos: “No podemos utilizar referencias actorales de la obra de teatro. Lo que es positivo, porque nos obliga a hacer nuestra propia interpretación. Tampoco podemos copiar ciertas coreografías y los músicos no pueden estar en tarima”.

Vicky Greco considera estos obstáculos como retos por vencer. “Nos permiten ser más creativos. No se puede usar el vestuario original de negro; mejor, usamos más colores y se ve más atractivo. No se puede usar la misma escenografía tal como se presenta en Broadway y Londres; bien, Bruce Quinn es un genio escenográfico”.

¿Cuánto es el presupuesto para hacer Chicago? El director Bruce Quinn contesta: “alrededor de 78 mil dólares y estos gastos han subido como 10% más en un año que los gastos que tuve con Cabaret”.

 

 



© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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