Género femenino. ‘Área’ es un sustantivo del género femenino que representa aquel espacio de tierra comprendido entre ciertos límites. Se caracteriza por determinados caracteres (geográficos, zoológicos, económicos, ambientales). En femenino, por lo tanto, debe enunciarse el pronombre o artículo que anteceda esta palabra. (Aquella área, esa área, una área). Hay una excepción: el artículo definido ‘la’. Si decimos ‘la área’, dos aes fuertes entran en colisión (la primera de cada vocablo), y se produce un ruido denominado cacofonía. No es el canto de un canario. Para evitar el bullicio, se acepta que el artículo ‘la’ se travista de ‘el’. De allí surge: ‘el área’. Solo es aplicable para esa situación. Gente desconsiderada hace fiesta con la excepción y la generaliza. El fenómeno es igual en arma (el arma, una arma, esa arma), agua (el agua, aquella agua, una agua). Con ‘hache’, el asunto cambia: ‘la hache’.
Sustantivo femenino. En relación al género gramatical, algunas personas tienen los cables cruzados. Sobre todo cuando se trata de sustantivos femeninos, a los que, con tirabuzón, les introducen modificadores en masculino. El fenómeno anómalo es común con el sustantivo femenino ‘persona’. En un canal televisivo internacional, desgranan detalles sobre el hundimiento del Titanic. Afirman que muchos pasajeros, al caer a las heladas aguas del Océano Atlántico, murieron congelados. Precisa: “Las personas no murieron ahogados”. Rechifla global. ‘Ahogados’ modifica a ‘personas’, que es sustantivo femenino y está en plural. Si en nuestros canales llueve, en otros pagos no escampa. El adjetivo ‘ahogados’ corresponde a ‘personas’, y debe tener su género y número. Lo correcto: “Las personas no murieron ahogadas”.
Persona. Femenino. Individuo de la especie humana. Se usa para referirse a alguien al que se omite o ignora el nombre. En nuestra lengua la adoptamos del latín ‘persona’, que es una máscara de actor o personaje teatral. El latín la adoptó del etrusco, que la había incorporado del griego.
Limpiar. Es quitar la inmundicia o suciedad de algo. Una acción derivada de un adjetivo latino, limpidus, para representar algo que no tiene mancha, que es terso. Se ha ampliado el radio de acción de ‘limpiar’, y hoy es referido a quitar las imperfecciones o defectos de algo. Además del adjetivo ‘limpia/limpio’, tenemos el ‘límpida/límpido’, poético por excelencia. En sentido figurado, es rendidor en nuestro medio: “Estoy limpio”; “los choferes se limpian con el dueño del autobús”. La primera expresión es sinónimo de falta de dinero, y la segunda indica que los choferes expían sus culpas o las trasladan hacia el transportista. No es una taza limpia el área metropolitana, sin embargo, sí existe el interés de que no haya manchas. Pensemos en esos trabajadores que exponen sus vidas en las alturas para eliminar las inmundicias en las vidrieras de los edificios. El oficio de estas arañas humanas se incrementará con la cantidad de rascacielos que están en construcción o en la mente de predadores que no tienen los bolsillos limpios.
Compaginar. Poner en orden aquello con una relación o conexión mutua. De origen latino, significa unión, trabazón. También es ubicar en su lugar cada una de las páginas en la edición de una publicación. Ni en sentido figurado puede reemplazarse por ‘concordar’. Un hablante señala: “Yo compagino con el señor”. Lo correcto: “Yo concuerdo con el señor”.
Glúteo, nalga. Cada una de las porciones situadas al final de la columna y el comienzo de los muslos. La primera es vocablo griego. La segunda, latino. La primera se usa más como adjetivo (área glútea) y la segunda como sustantivo (nalga de elefante). En la región rioplatense, es el corte del cuarto trasero de los vacunos.
Lo dijo
En la radio escucho lo siguiente: “Otra víctima de la ola de violencia perdió la vida”. ¿Era una víctima? Víctima por partida doble. Alguien que había resultado lisiado en esta epidemia fue azotado de nuevo. Así debe entenderse. Si era la primera vez que era atacado, entonces debió indicarse: “Otra persona perdió la vida víctima de la ola de violencia”. Otra transmisión: “El muerto frecuentaba el billar”. ¡Qué miedo! Un nuevo billarista le apunta a la bola ocho.