| DOS DICTADURAS.
Bonzos en Rangún y La Habana
Gina Montaner
El pasado jueves en las avenidas de Rangún la multitud secundaba las manifestaciones encabezadas por monjes budistas. Entretanto, en La Habana un puñado de opositores organizaba una protesta frente al Ministerio de Justicia.
Rangún y La Habana. Myanmar y Cuba. Una capital con pagodas y otra con catedrales. Dos países muy lejanos el uno del otro. Idiosincrasias muy distintas. Religiones dispares. Sin embargo, la disidencia en ambas capitales lucha por lo mismo. Desde hace casi medio siglo la antigua Birmania y la isla caribeña viven oprimidas bajo férreas dictaduras de corte militar. Aunque situadas en las antípodas del mundo, la pobreza, la corrupción y la represión conforman la impronta de dos gobernantes con mano dura, el birmano Than Shwe y el cubano Fidel Castro, que en estos momentos se enfrentan a graves problemas de salud.
La semana pasada la capital birmana era una riada de manifestantes pacíficos y en la contienda las túnicas anaranjadas de los monjes se mezclaban con los uniformes verde olivo de los militares. Como la policía política que en La Habana, Placetas y Santa Clara apresaba a los opositores que piden cambios y el cese de la violación de los derechos humanos en las cárceles de la isla. Myanmar y Cuba. Dos destinos trágicos. Muertos, fusilados y desaparecidos. Casi 50 años bajo absolutismos castrenses.
En Rangún las pagodas son santuarios de resistencia y los jóvenes monjes se atrincheran con sus cuerpos casi desnudos como única arma frente a los rifles de la soldadesca. En La Habana, en cambio, los disidentes se refugian en sus humildes viviendas porque no hallan amparo en las iglesias y parroquias. Destaca la ausencia de sacerdotes que marchen junto a ellos con sus sotanas como escudos santos contra los actos de repudio. Los opositores entran y salen de las cárceles mientras la curia toma el té a las 5:00 en las embajadas. Tintineo de cucharillas de plata y en Rangún corre la sangre de los discípulos de Buda. Apartados, por una vez, de la contemplación y el nirvana para dejarse la vida por necesidades terrenales como el bienestar y la libertad.
La Habana y Rangún. Tan lejos y tan cerca. El cubano Antúnez cumple casi 20 años de presidio político y lo vuelven a encerrar. Aung Suu Kyi, Premio Nobel de la Paz, es trasladada de la prisión domiciliaria a la cárcel de Inesin y su bello rostro es el póster de los religiosos rebeldes. De la juventud hastiada. De los ciudadanos alzados. Hace casi medio siglo hay toque de queda en la antigua Myanmar. En lo que queda de Cuba.
Las democracias de bien exigen sanciones contra la junta militar birmana y la dinastía de los hermanos Castro, pero los hinchas de estos vetustos y feroces regímenes los defienden en el seno de ese inútil organismo llamado Naciones Unidas. Los Daniel Ortega de este mundo. Los Putin. Los Hu Jintao. A todos los une el común denominador de la sangre y el crimen.
Myanmar y Cuba. Tan lejos y tan idénticas en su infortunio. La marcha imparable y pacífica de los monjes bonzos inunda los templos y se desborda. El ruido de las mandalas llega hasta las calles de La Habana. Hay revoluciones del color de la caléndula.
Firmas Press. La autora es periodista cubana
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