| POLÉMICA.
Job y Sáez-Llorens
Julián Alfonso Clarós Morris
Desde niño leía con avidez cuanto libro llegase a mis manos, creo que los más fascinantes fueron los de ciencias, filosofía y religión. Tuve la suerte de contar con clásicos, además de muy modernos escritos. En medio de una situación de pobreza económica no prevaleció la pobreza intelectual. Como toda persona, recibí nociones de un supuesto dios controlador, jefe, castigador inflexible… todo aquello que se forma en las fantasías o pesadillas colectivas. Obviamente, los comentarios originados en el patio de la casa nos esbozan valores y principios, no siempre tolerantes o válidos para la convivencia social. Cada individuo concibe el entorno en la medida en que su yo interior ha interactuado con su medio, llámese este: hogar, amistades, escuela, religión, orientadores. Tanto es así, que no existe una fecha final para el aprendizaje. Todos los días cambiamos algo en nuestra forma de pensar y reformulamos nuestro actuar.
Un hombre de grandes virtudes fue Job. El libro homónimo que narra su historia, sus luchas y su sufrimiento, pertenece al Antiguo Testamento. Este hombre poseía grandes virtudes: benévolo, justo, sabio. Era el paradigma de la virtud. Dentro de la cultura de su tiempo (y, ¿quizás de la actual?) la señal de que en realidad era bueno se hacía visible en la riqueza que poseía. Como Job era inmensamente rico no había duda de que fuera buena persona. Pero, ocurrió lo inesperado: Dios puso a prueba a Job. Le quitó todo, hasta su familia. Además, lo sumió en una terrible enfermedad de la piel. Aborrecido por todos, recibe la visita de un grupo de hombres que se dirige a él para demostrarle que su sufrimiento es un castigo divino. Este es el fundamento y línea principal del texto del libro de Job. Con especial maestría, el escritor narra las acusaciones y la defensa de Job. El mismo, culpa a Dios de negligencia en su "caso". Dios, opina él, no es un juez congruente con la fama que se le ha conferido, porque ha castigado a uno bueno por error. Al final brilla la respuesta divina.
Es interesante que, en función de una treintena de capítulos en las que todos los personajes opinan según sus propias experiencias, se pongan de relieve tantas dudas, confusiones, preguntas y sentencias infundadas acerca de Dios. Pero, es todo este cúmulo el que los hace llegar a una conclusión de fe tan firme.
Durante años, me he sentido agradecido de poder leer los artículos del doctor Sáez-Llorens. Siempre tan lúcidos, intelectuales, humanistas y visionarios. Me satisface ver en él, a un hombre que desde su desinterés por la "divinidad" fomenta especulaciones, dudas y diálogos tan profundos acerca de Dios, que podrían ponerse al pie de página de varios libros de la Biblia en los que se clama por la acción de Dios, en situaciones en las que pareciera que Dios no existe.
En esta era en la que cada uno busca su propia identidad socio-cultural y religiosa, es bueno para todos nosotros (los creyentes) cuestionar nuestro actuar de fe, en el estudio de los escritos de las personas que, como el doctor Sáez-Llorens, sin saberlo, están buscando a Dios con todo su corazón. Aquéllos que algún día dirán como Job: "Yo te conocía solo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos. Por eso me retracto, y me arrepiento en el polvo y la ceniza".
El autor es ingeniero industrial.
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