Plano urbano
Españoles pretenden emular a Dubai
918409Rodrigo Mejía-Andrión
negocios@prensa.com
OPINIÓN. Circula desde hace días, por internet, un multimillonario proyecto en las riberas de Veracruz, el pintoresco pueblecito que posee la playa utilizable más cercana a la ciudad de Panamá. Esta población ha crecido continuamente entre el mar y el cerro Cabra, uno de los más altos y hermosos en las cercanías de la capital.
Con la contaminación de las playas de la capital, muchas familias panameñas nos desplazábamos a esas playas, donde también podíamos recoger cantidades de almejas, atrapándolas con gran facilidad tras el paso de las olas por la playa. Esos buenos tiempos pasaron. Hoy día la fama no muy santa que prevalece por allí, ha alejado a los capitalinos.
Sin embargo, la población sigue disfrutando de su amplia playa, donde las almejas han sido reemplazadas por quioscos y fondas, cantinas y bares, e improvisadas barbacoas donde familias o grupos de amigos suelen reunirse a gozar del mar y su brisa. El proyecto que se pretende levantar, de nombre Panamarina, me trajo a la memoria Dubai, con descomunales edificios, donde apiñarán a multitudes de gente muy rica.
También me recordó los muchos escándalos que están presentándose en las municipalidades y ayuntamientos españoles, donde las autoridades y asesores urbanísticos aparecen autorizando desarrollos en zonas restringidas, suelos declarados no aptos para construcciones. Como me comentaba recientemente un arquitecto portugués de gran prestigio, el problema del mundo de hoy es el exceso de dinero que todo lo compra, hasta la conciencia de buena parte de la sociedad civil, con el entusiasta apoyo de las autoridades, hasta de aquellas que uno creía sanas. El diseño del proyecto me parece de lo más ridículo.
Es una gran bandera panameña colocada sobre el mar, donde el asta es el camellón de acceso a los que representarían la propia bandera que, vista desde el aire, parecería nuestra enseña patria, espacio que pretende ofrecer, entre otros "detallitos", palacios de congresos, recintos feriales, estaciones marítimas para cruceros y yates de lujo, y escuelas de turismo. Todo el "desarrollo" ocuparía 8 millones de metros cuadrados (800 hectáreas).
Se asegura que el conjunto será de baja densidad, aunque en el borde superior de nuestra bandera aparecen los edificios tipo Dubai. Todo esto demuestra la absoluta falta de respeto por nuestro símbolo patrio. ¿Cómo reaccionarían los españoles, particularmente sus regiones autónomas, ante un proyecto de irrespetar su bandera, para dedicarlo a un negocio de bien raíz, por más turístico que quiera parecer? La invasión de promotores e inversionistas extranjeros, especialmente de aquellos que no viven aquí ni piensan establecerse en esta jungla sin reglas que, para hacer negocios es maravillosa, pues todo se logra con coimas y sobornos, pero para sufrir permanentemente la precariedad de nuestra aldea con infraestructura física y moral del cuarto mundo y pretensiones del primero, no es un atractivo halagüeño.
Por lo tanto, hacer negocios, recoger el dinero y largarse es común en ese tipo de aventureros. Dios se apiade de nosotros.
El autor es arquitecto y asesor en bienes raíces
|