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Panamá, domingo 23 de septiembre de 2007
 

POBREZA. Descubridores se han quedado sin ingresos.

Campesinos sufren ‘maldición’

Los humildes pobladores han perdido sus tierras y se han quedado sin espacio para sembrar.

Muchas veces los vecinos se preguntan si hubiera sido mejor no haber desenterrado a los guerreros.

REUTER.
RECONOCIMIENTO. Las personas que encontraron los tesoros arqueológicos no han recibido ni siquiera un reconocimiento por parte de las autoridades, que dicen que lo que les corresponde es cuidar lo encontrado.915672
Xian, China/DPA

En la China moderna, con su brutal ritmo de crecimiento, fue una muerte nada memorable. Enfermo y sin dinero para pagar un médico, el empobrecido campesino Wang Puzhi esperó a que su familia saliera, se puso una soga alrededor del cuello y acabó con su sufrimiento.

Antes de su solitario suicidio, la vida de Wang fue sin embargo todo menos irrelevante. Él fue uno de los siete trabajadores que, mientras excavaba en su granja comunal para hacer un pozo en 1974, se topó con el mayor descubrimiento arqueológico de los tiempos modernos: los más de 8 mil guerreros y caballos de terracota de Xian.

El descubrimiento ha atraído a millones de turistas extranjeros a las afueras de Xian, en el noroeste de China, y ha hecho a algunos empresarios y –según de dice– a funcionarios locales, extremadamente ricos.

Pero para los campesinos que hallaron el ejército enterrado en la antigua localidad en la que crecieron, los guerreros fueron más una maldición que otra cosa.

Coincidiendo con la mayor exhibición nunca vista en el extranjero de los guerreros de terracota, que se inauguró en el British Museum la semana pasada, aquéllos que los descubrieron están azorados por la codicia y destrucción que las figuras llevaron a la superficie.

Su granja es propiedad ahora del Estado, que les quitó su medio de vida y sus viviendas, que al igual que las de sus vecinos fueron demolidas con mínima o ninguna compensación para crear salas de exposiciones, estacionamientos y tiendas de regalos, lo que hizo casi desaparecer a su pueblo con sus 2 mil años de historia.

En los tres años posteriores al suicidio de Wang a los 60 años en 1997, los dos miembros más jóvenes del grupo –Yang Wenhai y Yang Yanxin– murieron también sin trabajo y sin dinero, ya que no pudieron pagar un médico que les diagnosticara su enfermedad. Ninguno de los dos llegaba a los 60 años.

Los cuatro restantes –Yang Quanyi, de 79 años; Yang Peiyan, de 79; Yang Zhifa y Yang Xinman, ambos de 69– reciben un salario de mil yuanes al mes (132 dólares) por estar en las tiendas de recuerdos y firmar los libros de fotos que compran los turistas que vienen a ver el ejército construido para proteger al primer emperador de China en el más allá.

"Los funcionarios y empresarios han hecho mucho dinero con los guerreros de terracota, pero nosotros no", dice Yang Quanyi. "No nos dieron nada por el descubrimiento. Eran los días de las granjas colectivas y recibimos 10 puntos positivos de nuestro líder de brigada por haberlos encontrado. Eso equivalía a un yuan (13 centavos de dólar) en nuestra paga de fin de mes".

Todo sucedió cuando cavaban un pozo de agua y uno de ellos, Yang Zhifa, de pronto golpeó la cabeza de uno de los guerreros enterrado 15 metros bajo la superficie. "Todo el mundo tenía miedo de tocarlo", dice Yang Quanyi. "Pensábamos que era la estatua de un templo, quizás un buda. Las mujeres pensaron que podía traer una maldición".

Los campesinos habían hallado, sin embargo, a uno de los miles de soldados de infantería, arqueros y a caballo que fueron enterrados con Qin Shi Huangdi, el primer emperador de China, en el siglo III d. C. en un amplio mausoleo que cubría varios kilómetros.

Los funcionarios y los arqueólogos llegaron en masa al poblado. En los años que siguieron, reclamaron la tierra que durante siglos había dado alimento a sus pobladores. Los residentes recibieron apenas 300 yuanes por cada 600 metros cuadrados de terreno y se hundieron aún más en lo que sería la miseria que llevaría a la muerte a tres descubridores.

Ninguno de los campesinos que hizo el descubrimiento del ejército oculto está fotografiado en el complejo de Xian ni su nombre aparece en ninguna parte. Solo se les menciona como un grupo de pacíficos granjeros. Como resultado de ello, el pueblo está lleno de impostores que ganan dinero diciendo que son uno de los siete.

Yang Zhifa, el más conocido, gana menos dinero firmando libros en la tienda de regalos que las jóvenes cajeras.

Al ser interrogado de por qué no se reconoce a los descubridores del tesoro, un funcionario oficial responde: "No es importante quién encontró esta reliquias. Nuestro trabajo es cuidarlas y protegerlas. "Esa es nuestra tarea".

Yang Quanyi insiste en que está en paz y que no le importa cómo ha sido tratado. Pero su esposa Liu Xi Qin, dice: "Incluso hoy, mi esposo se pregunta si hicieron algo malo al descubrir a los guerreros".


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