Hay un lema que dice “La montaña no se conquista, solo nos paramos unos minutos sobre ella y luego bajamos para contar lo vivido”; esto en la mayoría de los casos se cumple con suerte, pero en ocasiones las variables comunes de la montaña impiden cumplir con el objetivo de la aventura: coronar una cima.
Nuestra geografía de baja y media montaña cuenta con una buena cantidad de cerros y montañas dignas de todo buen hiker, término utilizado para distinguir a aquellos asiduos de la montaña que buscan la emoción de sentirse dueños del reino vegetal que está a sus pies, aún cuando tenga que pasar por todo tipo de dificultades para llegar a la cima.
A 50 minutos de la ciudad capital encontramos varias montañas que cumplen con las características de todo buen hike, como lo son: agradable temperatura, accesibilidad durante todo el año, paisajes bonitos y el grado de dificultad justo para regresar satisfecho y en un solo día de aventura.
Una de estas montañas es el peñón del Espavé, montaña que se divisa desde la bajada de Campana (es aquella montaña de roca que se ve a la derecha), a la que se accede desde el poblado de Sajalices. Desde el inicio del camino que lleva hasta sus faldas, el peñón domina el horizonte, tan imponente e impresionante que ni la lluvia le resta belleza.
El pausado y ascendente trillo que se utiliza para llegar a la cima, serpentea entre pastizales, grandes rocas, árboles y lianas, que son de mucha utilidad en esos momentos en donde fallan las fuerzas y es bien recibido un descanso, para así apreciar el bosque encantado situado en la falda de la roca madre. La tranquilidad de esta área es solo perturbada por el leve movimiento de una rana, grillo o telaraña que al viento se mueve, cual hilos de plata que brillan al sol.
Aunque en este punto la humedad imperante empapa la vestimenta, uno llega a sentirse como todo un explorador, ya que no hay rastro humano, por lo que al andar se marca una línea jamás trazada, que llega a un punto en donde el paso se hace lento y hasta un poco peligroso, ya que se camina por una quebrada de temporada donde hay muchas rocas sueltas, por lo que se debe caminar con mucho cuidado.
Desde este paso, solo es cuestión de levantar la vista a la izquierda y se puede apreciar a poco más de 100 metros la cima de la roca, que se encuentra a 490 m/nm en donde extrañamente hay cactus y arbustos de amplio follaje, que pueden dificultar un poco el ascenso hasta la cumbre, donde en los días de tormenta los rayos hacen de las suyas, dadas las cicatrices que en la roca se encuentran.
RECOMENDACIONES
- Siempre es necesario llevar mínimo 2 litros de agua, pero en este caso recomiendo por lo menos 4 litros.
- Dado que las lianas, ramas y piedras son parte de la “ayuda” en el sendero, no olvide sus guantes, así como el pantalón y camisa de mangas largas.
- En el caso de que sea una excursión de un solo día, una mochila de unos 35 litros será suficiente para llevar emparedados, frutas, el agua y un botiquín médico.
- Si hablamos de pernoctar en este cerro, una hamaca o una pequeña carpa, conjuntamente con una estufita y la respectiva lámpara de cabeza, serán indispensables.
- Aunque este ascenso se realice en temporada de verano, nunca estará de más un capote, dado que con mucha facilidad esta montaña se nubla, alcanzando temperaturas de 20º C de manera muy abrupta, lo cual produce una sensación térmica que puede incomodar.