Innegable, pero ahí está: sin la Tempranillo, la España vitivinícola sería otra, más pobre por su ausencia. La tempranillo es la quinta esencia del vino español, y como a Dios, se le conoce por muchos nombres:
* Cencibel (en Castilla La Mancha, Madrid, Aragón, Extremadura y Murcia).
* Tinta del País (en Castilla y León, Rioja).
* Tinta Fina (Castilla y León, Madrid, Valencia, Extremadura, Rioja).
* Ull de Llebre (en Cataluña).
* Verdiell o Verdiello (en Cataluña).
* Tinta de Toro (en Zamora).
* Tinto de Madrid (en Toledo, Santander, Salamanca, Soria, Valladolid y Madrid).
* Vid de Aranda (en Burgos).
* Escobera (en Extremadura).
* Chinchillana (en Extremadura).
* Jacivera (en Castilla La Mancha).
* Arauxa (en Galicia).
* Tinto Riojano, Negra de mesa, Negral, Tinto Basto, Tinto Común, Tinto de Aragón, Garnacho fono, Coregón, Listán Negro, Palomino Bravío.
Según Jancis Robinson, editora del Oxford Companion to Wine, la tempranillo es la respuesta española al Cabernet Sauvignon, y John Radford ha indicado que hay investigaciones en curso que pueden señalar a un parentesco con la Pinot Noir. Pero mientras la Pinot tiende a ser aromática, florida, la tempranillo tiene los sabores de compotas, algunas especias y mucha, mucha ciruela.
Físicamente, es una uva negra, de piel gruesa, con que se logran los excepcionales vinos de las regiones más tradicionales e importantes de España: La Rioja y Ribera del Duero.