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Panamá, domingo 23 de septiembre de 2007
 
La última palabra
Manual para disculparse
 
‘En la excusa, se exponen las razones por las que se hizo o no algo, o no se asistió a un compromiso. La disculpa, es aquello que se alega para excusar o purgar una culpa’. 
 
RAFAEL CANDANEDO 
mosaico@prensa.com 
 
Excusa, disculpa, perdón. El motivo o pretexto para eludir una obligación, explicar una acción u omisión es como un arco iris. Puede ir desde la excusa hasta el perdón, pasando por la disculpa. Una u otra está embadurnada del perfil psicológico de quien presenta la aclaración o explicación. ¿Se ofrece o se solicita? La lógica indica que debe ofrecerse la excusa, disculpa o perdón. Puede pedirse que sea aceptada la excusa. No tiene sentido que se pida excusa a los demás por algo que uno ha cometido. Los demás pueden aceptarlas o no, pero no darlas. Como consecuencia de un altercado en Arraiján (nombre en honor a un cacique, no hay dudas), ambas protagonistas pidieron a la comunidad nacional excusas por lo acaecido. Los compatriotas no estamos obligados a entregárselas. Fuimos simples espectadores. Ellas pudieran habernos pedido que les aceptemos las disculpas. O habernos presentado las disculpas. Y estamos en facultad de hacerlo o no. Un gesto noble de ellas, aunque en esta tierra de boxeadores (y hasta campeones mundiales) ya estamos curados de espanto. Si uno cree que otra persona ha cometido un error o algo indebido, entonces se le puede pedir que se disculpe. ¡Pida disculpas!, puede uno solicitar. En la excusa, se exponen las razones por las que se hizo o no algo, o no se asistió a un compromiso. La disculpa es aquello que se alega para excusar o purgar una culpa. Con el perdón, se busca la remisión de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna obligación pendiente.

Extranjerismos. La ventana para el extranjerismo es el lexicón. En él se han alojado vocablos originarios del árabe, francés, italiano, ruso, inglés, portugués. De la cocina, del deporte, de la informática. Cuando nos falta una palabra y la ofrece otra lengua, su adopción es inevitable. El fascículo final del Manual de Ortografía, publicado en el diario La Prensa, aborda el asunto.

Axila, sobaco, islilla. Concavidad que forma el arranque del brazo con el cuerpo. Una bajo cada brazo. ‘Axila’ es la forma culta. Procede del latín. La ‘ax’ de ‘axila’ marca la idea de eje (axis), pues se trata de la articulación del brazo. ‘Sobaco’ e ‘islilla’, de igual significado. El primero es de origen desconocido y se emplea en el habla popular. ‘Islilla’ está en desuso.
Lenguaje figurado. Nos comunicamos mediante asociaciones. No todo lo que afirmamos es literal. Hay mucha metáfora en el ambiente. “El tren de los acontecimientos arrolló al ministro”. No se trata de un tren, sino de una suma de hechos. Una acumulación. El ministro resultó enredado en esa maraña. No quedó bajo las ruedas. El atropello fue figurado. Esta manera de expresarse es el pan nuestro de cada día, dánoslo con descuento hoy, que se dispara el precio del trigo. “Las aguas están en su nivel”. La situación política está en equilibrio. No hay amenaza de inundación en materia de gobernabilidad. Debe mantenerse la comunicación: “No hay que romper puentes”. Es un llamado para que los actores políticos sostengan la tolerancia. Alguien recomienda que los líderes de un bando “se pongan las faldas y pantalones”. Deben estar vestidos, sin embargo se les exhorta a que decidan con coraje. Sin temor. Se afirma que un grupo poderoso “no quiere soltar la manija”. No se trata de ninguna abrazadera, mango, palanca, puño o manubrio de algún utensilio o herramienta. Es una figuración, que representa el control.

Caparazón arriba, caparazón abajo: tortuga en el medio. Escuché este refrán durante un programa de comentarios en un canal de televisión de Managua. Se afirmaba la certeza de algo, aunque sin mencionarla en forma explícita, por la presentación de sus características propias.

Que no cunda el pánico. El Chapulín trata de tranquilizar a sus interlocutores. Enreda el asunto: “Que no panda el cúnico”. Lo cierto es: “Que no cunda el pánico”. ‘Cundir’ no es un verbo de uso corriente. Significa extenderse, propagarse. Se insta a que el terror extremado no se extienda entre los miembros de un grupo.
Lo dijo

Menú macarrónico. Un duende travieso, como aquel que habita en las redacciones de los diarios, se entrometió en la columna de la semana anterior. “Y depositó en la justicia la sanción de los daños que los hombres se infringen unos a otros”, afirmó el macarrón. Lo correcto: “Y depositó en la justicia la sanción que los hombres se infligen”. El “unos a otros” es una reiteración penosa. Hay una diferencia grande entre ‘infringir’ (quebrantar leyes u órdenes) e ‘infligir’ (causar daño).

 

 



© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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