Desde el punto de vista político, la percepción de las cosas se traduce en simple realidad y esto debería preocuparle al Presidente, pues una de sus tres principales promesas de campaña –de acuerdo con la percepción de la mayoría de los panameños– es un gran fracaso. Se trata de su compromiso para erradicar la corrupción.
Los tres órganos del Estado están seriamente cuestionados en cuanto a su integridad, incluida la Corte Suprema de Justicia que, de los tres, teóricamente es la entidad no política. Pero ¿cómo puede Torrijos acabar con la corrupción? La pregunta a estas alturas es intrascendente, pues debió haberse hecho cuando estaba en campaña.
Lo menos que nos debe el gobernante es una disculpa en la que reconozca que sus promesas no las ha podido cumplir. Seguidamente debería hacerlo su partido, el PRD, cuyos propios diputados se han encargado de hacer trizas las promesas de Torrijos, pero que ellos también abanderaron.
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