| 21 AÑOS DE DICTADURA.
Noriega ‘solito’
914560Carlos Eduardo Galán Ponce
Este país es "lo máximo". Ahora resulta que el ex general es responsable de todos los horrores cometidos durante los 21 años de dictadura. Y lo más curioso del caso es que todos esos horrores los cometió "solito". Y al preguntar en la calle, con rarísimas excepciones, todos los entrevistados contestan deseándole al último dictador todos los castigos del averno, cuando irónicamente esa misma población que hoy despotrica de Noriega, restituyó en el gobierno con sus votos al "brazo político" del dictador, para encontrar hoy en los más altos cargos públicos a un gran número de sus cómplices, civiles y militares, que sin importarles el grado de infamias a que estaban contribuyendo a someter a la población, gobernaron con él hasta los últimos días, para declarar hoy que no tienen nada de qué arrepentirse.
Noriega estuvo seis años al frente del gobierno y es correcto que se le atribuya la responsabilidad de todos los crímenes cometidos durante ese período, bueno y de algunos otros. Pero del casi centenar de víctimas de la dictadura, ¿quién es el responsable? Augusto Pinochet enfrentó en su país un juicio por los asesinatos cometidos durante su gobierno, a pesar de que nadie lo acusó de haberle volado personalmente la cabeza a nadie. Aquí en Panamá, en una distorsión absoluta de valores, se califica a Noriega como el discípulo de Satanás, a la vez que se crea una condecoración en honor a su mentor en cuyo mandato tiene lugar el 90% de los asesinatos políticos. Noriega no hubiera llegado a ser nadie sin el patrocinio de Omar Torrijos, sus primeros actos pecaminosos tienen lugar siendo su subalterno, sus ascensos vertiginosos se los concede él mientras están sucediendo algunos de los crímenes que se le atribuyen. Un general retirado decía que si bien Noriega no ordenó la decapitación de Hugo Spadafora, como jefe él era el responsable. Creo que la misma tesis es aplicable a los delitos cometidos durante la comandancia de cada uno de los generales de la dictadura.
Yo no sé si es que este "crisol de razas" no ha resultado algo tan enaltecedor y que las culturas con mayores ingredientes autóctonos han producido un mejor sentido de la decencia. Y traigo esto a colación porque en Perú, el hogar de los incas, a nadie le ha pasado siquiera por la mente pensar que a Montesinos, brazo tenebroso del gobierno, hay que "indalgarle" todos los crímenes cometidos durante el gobierno de Fujimori y a su jefe darle las gracias por lo que hizo. No, ambos son perseguidos por la justicia, junto a un séquito de sus colaboradores. En México, el hogar de los aztecas, van al banquillo de los acusados el Presidente y el ministro de Gobernación que ejercían cuando ocurre la matanza de Tlatelolco y ni su partido, el PRI se atreve a rebatir ese llamamiento. No hay la menor duda que nos encontramos ante esquemas de valores totalmente diferentes.
Los medios televisivos comienzan a divulgar vistas de la época que muestran a los socios políticos de Noriega junto a una "caterva" de empresarios rindiéndole pleitesía. Y no lo hacían obligados, ellos vitorearon durante 21 años a todo el que tenía el poder, independientemente de su legitimidad o de su catadura moral. Cuatro largos años pasaron desde el crimen de Hugo Spadafora y en ellos el apoyo político del PRD a Noriega se mantuvo como si nada hubiera pasado y ni en los últimos momentos fueron los civilistas obligados a respaldarlo, fue a aquéllos que pelecharon durante los 21 años de dictadura, que sumisos le hacían la venia a cuanto general se colocaba el quepis y que quisieron abandonar la nave cuando vieron que se hundía, los que eran forzados a mantenerse a su lado en señal de apoyo. El tradicional código de fidelidad de los hampones.
El espectáculo de la elección del nuevo presidente de la Asamblea Nacional, en cuyo discurso solo le faltó enarbolar el machete de Noriega, fue como trasladarse a diciembre de 1989. Una asamblea perredista aullaba frenética nominando a su presidente en un acto "soberano", de la misma forma que vociferaba ese 15 de diciembre de 1989 designando por unanimidad en otro acto "soberano" a Noriega como amo de la Nación. Ellos son así de "disciplinados", todos votan igual, no importa a quién le pongan enfrente. No conozco a Pedro Miguel González, no puedo saber si es responsable o no del asesinato que se le atribuye, pero mi raciocinio me obliga a preguntarme qué razones puede tener la justicia de Estados Unidos para perseguirlo por algo que no cometió, cuando de esa forma está permitiendo que el verdadero responsable quede sin castigo. Así no funcionan ellos.
Que los estadounidenses no creen en la justicia nuestra, pero si nosotros tampoco –léase cualquier diario de cualquier día–. Además de que el señor González no se entrega aquí a la justicia, se entrega en la Presidencia de la República, dando origen a un episodio de claros ribetes políticos que termina en manos de un jurado de conciencia compuesto totalmente de empleados públicos y que aunque ese no fuera el caso, se ha convertido en un sistema tan carente de fe pública, que aquí en David absolvió a los asesinos confesos de la muerte el esposo de una alcaldesa. Un fiel copartidario militarista, acusado de darle muerte a un extranjero que formaba parte de las fuerzas que expulsaron del poder al partido que gobernaba durante el juicio. El error de unos es pensar que los demás son tontos. Y si volvemos a los fallos judiciales locales, a Noriega lo absolvió la Corte Suprema de Justicia panameña y por los mismos delitos lo encarcelaron en Miami. Solo que como el tipo quedó en "la podrida" y aquí sus compinches retornaron a atragantarse de "la papa", la soberanía de la Asamblea Nacional y del Concejo capitalino, dominados por su partido, entró en un largo período de hibernación, que parece terminar ahora, acuciado por el temor a los esqueletos que salen del armario a traerles los recuerdos de aquella época en que todos eran "hermanitos del alma".
El autor es ingeniero agrónomo
|