La discusión de las reformas al sector transporte vuelve a suspenderse; pero esta vez el aplazamiento presenta una oportunidad para corregir el peligroso rumbo que tomaba el asunto. Tanto los usuarios como distintos sectores de la sociedad panameña han alzado su voz de protesta ante la repudiable actitud que han asumido los transportistas durante los debates legislativos, en los que han logrado presionar para mantener intacta su estructura de mafia sobre el negocio del transporte.
Y ahora amenazan con un paro. Señores diputados, el pueblo que los eligió es el mismo que todos los días arriesga su vida al utilizar el vergonzoso sistema de transporte público que “presta” el Estado, y es el mismo que todos los días conduce o camina por las calles de la ciudad, exponiéndose a las embestidas de los “diablos rojos”.
Ya es hora de que se pongan los pantalones y de una vez por todas cumplan con su obligación constitucional de legislar por los mejores intereses de la nación, en vez de seguir protegiendo a un grupito que históricamente se ha salido con la suya.
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