| NIÑOS QUE TRABAJAN.
La escuela de la vida
Marcelino González T.
La sociedad globalizada urbana ha entrado sin remedio en la familia, haciéndose cargo de múltiples funciones que tiempo atrás se consideraron únicamente como deberes familiares.
Enseñar a hablar a los hijos, enseñarles a caminar, bañarlos y alimentarlos, eran deberes de la familia, específicamente de la madre. Hoy ésta sale a trabajar y los niños quedan al cuidado de otros, la empleada, la televisión, jardines infantiles, en los hogares pobres y en la calle.
¿Cómo entonces protegen las familias de escasos recursos a sus niños? El dinero no alcanza para contratar un servicio que se preocupe de éstos y la educación preescolar en el país es baja.
El concepto de familia se define como: "Grupo humano integrado por miembros relacionados por vínculos de afecto, sangre o adopción" (Vocabulario básico de orientación y terapia familiar). Este grupo humano que compone una familia enfrenta todo tipo de situaciones, algunas complejas como lo es la desigualdad económica.
Cuando una familia presenta carencias económicas es mucho más difícil satisfacer las necesidades de sus miembros; la pobreza se instala como un miembro más desatando consecuencias que parecen el remedio, pero más bien son la enfermedad; la delincuencia, el narcotráfico, el comercio sexual y el tema que abordo: El "trabajo infantil".
Hoy, es cada vez más frecuente encontrarnos con niñas, niños y adolescentes realizando actividades laborales, algunas remuneradas y otras no.
El malabarismo en las esquinas, la limpieza de vidrios en los semáforos, la mendicidad o las labores domésticas; son actividades clasificadas ya como normales a los ojos de la población, sin embargo, estas actividades entorpecen en alguna medida el normal desarrollo de una niña o niño.
Podemos mencionar algunas consecuencias físicas como el riesgo del sobreesfuerzo (jornadas largas, sobrecarga física, malas posturas) y del ambiente de trabajo (contaminación, temperatura, humedad, etc.). No todas las actividades laborales provocan estos efectos, aunque muchas veces el riesgo está presente.
Las actividades realizadas por los niños y niñas no corresponderían a su edad. Con respecto a esto, un estudio de Unicef afirma que: "estas labores no se corresponderían con su naturaleza, lo alejarían de sus espacios propios y limitarían o impedirían el desarrollo de esta etapa de la vida. Esto generaría apatía, precocidad, emancipación prematura, etc. Con independencia de la modalidad o las condiciones de trabajo".
Con respecto a esto, también existen posturas que hablan de los efectos positivos que tendría el trabajo infantil, al referirse a la adquisición de destrezas y valores de suma importancia en un niño como la responsabilidad, una mayor autoestima y madurez, sin embargo, creo firmemente que un niño no debe trabajar para desarrollar estos aspectos positivos, refiriéndonos a trabajo como la actividad perjudicial para su desarrollo.
La Convención de Derechos del Niño señala claramente que se debe proteger y mantener a un niño, por lo tanto, el trabajo en un menor queda fuera de las actividades que debe realizar, como ir a la escuela, jugar y compartir con sus padres.
El autor es seminarista
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