| EL MALCONTENTO.
La xenofobia oficializada
913112Paco Gómez Nadal
Bien se sabe que los ecuatorianos, colombianos, israelíes, polacos, argentinos, checos, turcos, chilenos, venezolanos, mexicanos, angoleños, jamaiquinos, marroquíes, sudafricanos, bolivianos, japoneses, brasileños, chinos, dominicanos, indios, nicaragüenses, palestinos, costarricenses, saudíes y algunos países más no aportan al desarrollo del país.
Bien se sabe que las personas que van por el mundo con ese pasaporte son de dudosa reputación y que, aunque en un primer momento parezcan corderitos, a la mínima posibilidad se voltean para morder con gesto de lobo.
El alcalde de la ciudad, Juan Carlos Navarro, el mismo que quiere dirigir los destinos del país, ha simplificado la tarea de Migración al reducir a tres la lista de países que aportan al desarrollo y cuyos ciudadanos, por lo tanto, no son sospechosos de maldad genética.
Según la propuesta que presentó a la Dirección de Migración solo los ciudadanos de países miembros de la Unión Europea, los estadounidenses y los canadienses deben tener derecho al permiso de turismo por 90 días, ya que ellos sí aportan al desarrollo del país. El resto, a hacer fila, porque son sospechosos hasta que se demuestre lo contrario.
Yo soy ciudadano de la Unión Europea y me dio vergüenza leer esto en una nota perdida en los medios. El alcalde, que comenzó con discurso acerca del daño que hace al país la limitación de la estancia de los turistas por 30 días -en lo que estamos de acuerdo- terminó institucionalizando la xenofobia callejera de la peor ralea.
Estoy seguro de que me responderán con que eso no es xenofobia, pero recomiendo bueno imaginar cómo se sentiría un panameño si todos los países latinoamericanos adoptaran esta iniciativa y necesitara visa para entrar a cualquiera de ellos.
Considero que nos estamos volviendo locos y que los políticos no han aprendido que la gente nunca es una amenaza, sino las actividades que desarrollan o las circunstancias en las que viven.
la mayoría de países del planeta violan los acuerdos internacionales que ellos mismos han suscrito en materia de Migración.
El Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, analizando el tema de los movimientos fronterizos, expresó en 1999 que los gobiernos violan el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos cada vez que se solicita a la persona que pide visa "certificados o declaraciones de empleadores o familiares en apoyo a la solicitud" o "descripción exacta de su itinerario de entrada y salida del país", "cuando hay demoras injustificadas en la expedición de documentos de viaje", cuando se exige "el requisito de depositar fianza de repatriación o estar en posesión de billete de vuelta", "el requisito de haber recibido una invitación del Estado de destino o de personas que vivan en él"…
Es decir, vivimos en un mundo en el que los gobiernos violan sistemáticamente las normas que ellos mismos aprueban. Es el mismo mundo en el que los Estados nos aterrorizan a los ciudadanos con un horizonte de penurias si nosotros violamos la ley, incluso con el famoso principio amenazante de que el desconocimiento de la misma no exime de su cumplimiento. ¿Y ellos?
Las declaraciones de Navarro, por supuesto, no han generado ningún tipo de reacción ni de debate nacional. Claro, que tampoco lo generó la decisión de limitar la estadía de los turistas a 30 días prorrogables a través de tortura burocrática.
Lo paradójico es que los mismos gringos que supuestamente son la panacea para el país, según las élites políticas, ya nos han bajado de puesto en la lista de sus preferencias y que colombianos y venezolanos siguen inyectando millones al país con sus inversiones en negocios o bienes raíces, los chilenos y ecuatorianos siguen transitando por el Canal y pagando peajes, y chinos o dominicanos trabajan como locos en los sectores más informales del país para dar servicios a los mismos que no los quieren en el territorio nacional.
¿Qué opinan los ciudadanos panameños de todo esto? Imagino que hay un grupo que, arrastrados por el discurso oficial y temerosos ante la 'amenaza inmigrante', se unen al coro xenofóbico que distingue seres humanos por su lugar de nacimiento, y no por quiénes son.
Pero también sé que una gran mayoría entiende mejor que sus políticos que la esencia de Panamá está en el mestizaje y en el tránsito. Que el país se ha conformado a punta de arribos, aunque siempre se ha tratado de poner una puerta al mar o al cielo -la discriminación legal de los chinos data del nacimiento de la República-.
Que no tiene ninguna lógica que en tiempos de globalizaciones para la economía, las personas no podamos fluir libremente, como el capital.
El modelo de democracia liberal que tanto nos han vendido hace agua en sus principios y se está convirtiendo en una finca cercada donde los jornaleros internos dan gracias por tener la ciudadanía ideal, aunque su situación sea de pobreza y de discriminación interna, y a cuyas puertas se amontonan -como en el medioevo- los otros, los que nacieron con el pasaporte equivocado.
Tenemos la oportunidad de cambiar el modelo, pero para ello el Gobierno debería dejar de ver a la Dirección de Migración como una extensión del Consejo de Seguridad, y la justicia debería perseguir a todos los que hagan daño a Panamá, sean extranjeros sin escrúpulos, políticos nacionales corruptos o extraterrestres camuflados.
El autor es periodista
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