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Panamá, sabado 15 de septiembre de 2007
 

ORÍGENES VARIADOS.

Sobre enemigos y amigos

Helena Ramírez

Las enemistades como las amistades tienen un origen variado. Las enemistades pueden ser válidas y sanas, incluso pueden dar luego paso a una amistad. Por ejemplo, hay enemigos circunstanciales y enemigos personales, pero las enemistades personales son estériles y dañinas para quien las lleva dentro.

La experiencia también enseña que hay enemigos ocultos y enemigos declarados, así como enemigos decentes y enemigos que no lo son. Combinando esas dos características aparecen cuatro posibles tipos de enemigos: los ocultos decentes, los ocultos no decentes, los declarados decentes y los declarados no decentes.

Los enemigos ocultos son los que uno no suele percibir. A veces ni el propio enemigo se reconoce como tal, porque en muchos casos es inconsciente de sus sentimientos. Son por lo general las enemistades personales fundadas en la envidia, los celos, el resentimiento y cualesquiera sentimientos para los cuales son fértiles las personalidades que padecen alguna frustración de índole material o afectiva y se lo cargan a otros que consideran más afortunados. Este tipo de enemistades son frecuentes entre personas del mismo sexo. Lo complejo y difícil de estos casos es que se trata de apreciaciones subjetivas. Por eso solamente la propia víctima de tales sentimientos puede intentar combatirlos.

Los enemigos declarados son los que procuran darse a conocer. Pueden hacerlo de manera decente o no, todo lo cual dependerá de la entereza y educación que tengan. Por supuesto, el enemigo más indeseable es el oculto no decente. Éste emplea la hipocresía y, eventualmente, hasta finge simpatía para extraer información que luego aumentará, tergiversará y usará de la forma más baja. Afortunadamente, este tipo de persona casi siempre es enemigo de mucha gente y, con el tiempo, el grupo consigue ubicarlo como lo que realmente es.

El enemigo decente es el mejor de todos estos, porque su conflicto suele nacer de una enemistad circunstancial y, aunque sea personal, tiene la valentía de enfrentarse a lo que dice, procura ser objetivo y guarda el debido respeto y altura a la hora de actuar. No es raro que sea víctima de la manipulación de los enemigos ocultos no decentes, quienes podrían aprovechar su capacidad para que acometa por ellos una lucha que ellos saben nunca sabrían dar por sí mismos.

Por supuesto, un amigo siempre será preferible. Es agradable descubrir que con determinadas personas es posible desarrollar una comunicación positiva que dependerá, claro está, del grado de identificación que ambas alcancen entre sí. Nada hay más valioso que una amistad que se haya puesto a prueba repetidas veces, que haya superado el enfrentamiento en un plano de igual a igual y donde siempre haya primado la sinceridad, la buena fe y el afecto entre las partes. Estas suelen ser amistades preciosas, las que se cuentan con los dedos de una sola mano. De enorme valor.

Solo compiten con ellas, las amistades fugaces que, por esa misma razón, no se oscurecen, porque permanecen siempre en la memoria con la magia que las envolvió mientras duraron. Estas pequeñas amistades fugaces nos las depara la vida de vez en cuando. No se pueden buscar, simplemente aparecen. Hay que saber identificarlas con la intuición más que con la razón. Por eso, tal vez, resultan mágicas.

Firmas Press. El autor es especialista en análisis de conducta
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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