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Panamá, sabado 15 de septiembre de 2007
 

CINISMO.

Manuel Noriega: que sus nietos le lleven la hamaca a Francia

Enrique Jaramillo Levi

Panamá está en las noticias internacionales en estos momentos debido a un tema significativo para la nación: el asunto del regreso o no del reo convicto Manuel Antonio Noriega (me rehúso a llamarlo "general", cargo apócrifo que él mismo se otorgó). Me importa sobremanera reflexionar un poco sobre esto como un ciudadano cualquiera preocupado, eso sí, por el manejo legal que se le ha venido dando, y sobre todo por sus consecuencias. Ya es hora de que los escritores no nos limitemos a nuestras elaboradas obras de ficción, por más importante que nos resulte todo lo relacionado con la creación literaria. Es preciso, como en tiempos de la Cruzada Civilista, poner el dedo en la llaga y, cuando sea necesario, el grito en el cielo. Sin una pujante opinión pública, sin el debate que ésta genera y sin una ostensible presión cívica, no se podrá corregir los rumbos -las leyes torcidas a conveniencia- que a menudo facilitan y logran imponer políticos y empresarios apátridas, en última instancia interesados solo en el "vil metal".

Noriega fue condenado aquí y en Estados Unidos por cargos tan despreciables como el de ser un criminal y un narcotraficante, pero también se le considera un usurpador de la cosa pública y el principal responsable del caos social y político que descoyuntó al país en la década del ochenta del siglo pasado. Y sin duda -piensan muchísimos ciudadanos- hay otros "enjuagues" y entuertos suyos de trastienda que no han salido a la luz, en los que tienen que ver prominentes políticos y empresarios que lo apoyaron en esa época y se enriquecieron con él, muchos de los cuales desvergonzadamente lo siguen apoyando, no pocos incrustados en la "patria nueva" que mentirosamente dijo ser el gobierno PRD. Como consecuencia, se ha hecho a su medida, con premeditación y alevosía, y con el concurso de sus secuaces diputados gobiernistas, una ley que tarde o temprano le permitirá gozar del privilegio de casa por cárcel so pretexto de su avanzada edad, si nos lo regresan a Panamá como debería ser. Y no sería de extrañar que antes del fin de su mandato el presidente Torrijos termine dándole un generoso indulto, como el que olímpicamente Mireya Moscoso dio a Posada Carriles y demás terroristas cubanos.

No hay edad para ciertos crímenes, muchos de los cuales, como ya se ha visto en Chile y Argentina, jamás prescriben. Noriega y sus compinches nunca pidieron perdón por sus fechorías, lo cual significa que no se han arrepentido de nada, o que no las reconocen como tales (o ambas cosas). Y no olvidemos que el supuesto patriota (machete en mano) estuvo a sueldo de varios gobiernos extranjeros (incluyendo la CIA gringa) y de organizaciones del narcotráfico, mancillando así toda idea de nacionalismo. La decapitación de Hugo Spadafora y el fusilamiento de Moisés Giroldi y sus hombres después que se le enfrentaron al dictador, entre muchos otros crímenes, esperan justicia. Pero, ¿existe realmente justicia en este Panamá nuestro del sancocho y la zancadilla? Yo no lo creo, en absoluto. De ello hay pruebas fehacientes. Por tanto, le pido a Dios que los gringos aprovechen la oportunidad que les ha abierto ahora el juez Hoeveler, y se lo manden a los franceses para que allá lo juzguen y condenen por algunos de sus delitos internacionales. En Francia, país que también lo reclama, sí que no se andarán con contemplaciones ante el consabido cinismo del MAN. Y que sean sus nietos los que tengan que visitarlo en una cárcel de máxima seguridad, y le lleven la hamaca que tanto añora. Aquí no queremos libres a criminales, narcotraficantes ni traidores a la Patria.

El autor es escritor, promotor cultural y presidente de la Asociación de Escritores de Panamá
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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