| RELACIONES.
Amigos de los corruptos y gente común
Ricardo Villarreal Castillo
Como ingeniero me parece fascinante entender las relaciones entre las cosas, y cómo algunas causas generan consecuencias y luego más efectos, las cuales a su vez generan más consecuencias.
En lo sucesivo con un sencillo análisis de relaciones trataré de aportar mi opinión acerca de lo que un grupo de periodistas en sus programas de la mañana producen con su nefasto tema de "desclasificar" con mucho orgullo sus anécdotas y vivencias con el señor Noriega.
Un grupo de periodistas "desclasificando" (atención DES-CLA-SI-FI-CAN-DO) información de actos cercanos en tiempo y espacio a sucesos de la historia como la muerte del Dr. Spadafora, los desfalcos a los bienes públicos, la invasión entre otros, produce mucha frustración entre nosotros. Entendemos que estos señores que "desclasifican" la historia más bien son historiadores de la corrupción y del dolor. Bajo lo que estos señores narran con orgullo, como amigos de Noriega, yacen hechos palpables como la deuda externa, la pobreza y lo más tangible: mis amigos y amigas, que aún lloran y sufren por sus seres queridos muertos en manos de este dictador.
Otro nodo de análisis es que la incapacidad de los participantes de estos actos y sus amigos confesos (los "desclasificadores") de pedir perdón a una sociedad que ellos mismos critican por no saber perdonar, es una relación recurrente, o sea, que la consecuencia es producida por la misma causa. No saber perdonar es consecuencia de ver a los amigos de los corruptos y asesinos como Noriega, hablar de aquellos tiempos a los que se retrotraen con alegría, como no he escuchado a muchos periodistas en Panamá. No perdonar es causa directa de que ninguno de estos señores pide perdón por tanta muerte y dolor.
Eso me lleva a un tercer nodo, el alienamiento que sentimos muchos panameños por los análisis de estos "desclasificadores" y cómo entramos en contradicción con ser gente de reglas y leyes. Vemos a la gente en la calle transitando en sus carros con actitud de: "rompo las reglas y las leyes, ¿y qué?" y que es el mismo sentimiento de frustración que siente el policía de tránsito que ve cómo los ciudadanos comunes frente a su cara violan las leyes y él no puede hacer nada. Hacer que respeten las leyes es un oficio alienado y que ya nadie respeta. Parece ser que presenciar la corrupción y los crímenes es buena idea, ya que luego tendrán créditos públicos por contarlo sin remordimiento.
Esta coloquial y apológica charla de amigos que se encuentran a reír, contradecirse, y chismear, no está bien. Muchos panameños aun resienten esa vergüenza y la sensación de un feo futuro. A mis hijos les permito escucharlos, pero les aclaro que del señor que hablan sus amigos orgullosos, con casi gloria y respeto, fue un señor que asesinó, robó y otras cosas; y ahora purga sus delitos en el extranjero; aunque sus amigos pretendan ensalzar sus hazañas en los medios.
El autor es ingeniero y músico
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