| PANAMÁ-ESTADOS UNIDOS.
¿Nos tocará pagar los platos rotos?
Guillermo Tatis Grimaldo, hijo
mosadegh53@yahoo.es
El panorama político estadounidense se complica cada vez más para el Partido Republicano y para el presidente George Bush, pero lamentablemente para nosotros también y puede ser peor, entretanto todo pinta que los demócratas no harán nada para corregir el curso de los acontecimientos; por el contrario, echarán mano de cualquier cosa que les permita sacar ventajas políticas, ahora -aunque en receso- en plena época preelectoral.
Un sondeo de Gallup, publicado a mediados del mes pasado por The Washington Post, mostró que el presidente Bush tiene un 65% de desaprobación entre los ciudadanos norteamericanos, índices evidentemente desastrosos que solo lograron sus predecesores Harry Truman en sus peores momentos en medio de la impopular guerra de Correa y Richard Nixon antes de que finalmente renunciara por el escandaloso y tristemente recordado caso Watergate. Así mismo señala otra fuente encuestadora, que algo más del 47% de los consultados considera que los demócratas ganarán las próximas elecciones presidenciales de 2008, con cualquiera de los candidatos que resulte de sus primarias.
El asunto luce al menos difícil, los demócratas que son mayoría en ambas cámaras, han arrancado su campaña política a toda máquina y tienen una percepción muy clara de su papel de oposición, y no están dispuestos a dar tregua ni ofrecer concesiones al presidente Bush en el campo que sea y sobre la materia que toque enfrentarlo, aunque con ello lesionen intereses vitales propios o de terceros países. Los demócratas tras casi seis años de aislamiento en el Congreso, le están cobrando con creces a la administración Bush los desplantes a la categoría de desprecio y el marginamiento sistemático en las decisiones más importantes de la Unión durante todo ese tiempo.
Para colmo de males, los últimos acontecimientos políticos en nuestro país en nada contribuyen para mejorar la disposición del Congreso norteamericano, por el contrario, se le ha arrojado más leña a la hoguera sin medir las consecuencias; hemos agregado un factor peligroso a la disputa interna entre el Legislativo y Ejecutivo norteamericano con la elección de Pedro Miguel González a la Presidencia de la Asamblea Nacional.
Es iluso plantear que el diputado González no tenga los méritos políticos y las credenciales legales, así como la decisión soberana para ocupar el alto cargo del Órgano Legislativo en el país, pero es inocultable que tal circunstancia nos sitúa en un amargo escenario político de consecuencias insospechadas por lo que puede pasar con nuestros intereses inmediatos.
El tema, ya se ha desbordado, hay un comunicado del Departamento de Estado estadounidense donde "lamenta" la elección de González, desde luego un verbo muy sutil para los desprevenidos, pero que en lenguaje diplomático lleva un mensaje muy fuerte en torno al tema y consecuencias, de hecho, lo que parecía una fácil acción de mero trámite para la aprobación del Tratado de Promoción Comercial (TPC) con Estados Unidos se puede convertir poco a poco en una caricatura. Hay serias dudas y poca certeza de que las cosas ocurran como pensábamos hace unos meses. Ya sabemos que a varios países que tienen TLC pendiente de ratificación congresional se les negará esa posibilidad, salvo a Corea del Sur, al menos durante la administración Bush.
Pudiera ser que las pretensiones demócratas, a nivel internacional tienen más un tufillo de intromisión descarada que de motivaciones razonadas, y a lo interno solo buscan fastidiar para cobrar popularidad entre los votantes. Así lo demuestran las declaraciones del congresista Charles Rangel, cuando anunciaba visitas para repartir instrucciones sobre lo que tenemos que hacer si queremos la firma del TLC. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ha hecho lo mismo con países amigos y socios de años como Perú, Ecuador, Panamá y con aliados incondicionales como Corea del Sur y Colombia.
Pero por un lado, me temo, que la actitud del Departamento de Estado con su comunicado, que también lleva un sabor imperialista de imponer su voluntad donde quiera que sea, pueda tomar el caso González como argumento ideal para tratar de cambiar las cosas de este largo pulso político con los demócratas, y por el otro, no hay duda que mientras el Partido Demócrata perciba que con esas acciones pueden ganar más votos, no cambiarán la estrategia electorera que les está reportando grandes beneficios y de paso, le habrán cobrado por partida doble al presidente Bush su arrogancia... o viceversa, pero nuestro país puede terminar pagando los platos rotos de una vajilla ajena.
El autor es diplomático
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