| ACUSACIONES CONTRA LA PRENSA.
Racismo global
Danilo Arbilla
Ahora le tocó hacerlo a Daniel Ortega: acusó a la prensa y periodistas nicaragüenses de practicar el " terrorismo informativo nazi".
Se van turnando. No aflojan nunca; hacen punta Chávez y tras el Kirchner, Correa y Morales. Cada tanto se suman Vázquez y Lula y también se mezcla con ellos Uribe. Fidel y sus interinos no tienen problema: desde el principio hicieron desaparecer la prensa y los periodistas libres e independientes. Al igual que las dictaduras militares, aunque por mucho más tiempo.
Los muchachos quieren silencio. A lo sumo y de vez en cuando alguna opinión, pero de información nada. Reflejar los hechos, contarle a la gente qué es lo que pasa, es lo que ellos consideran contrarrevolucionario, desestabilizador, antipatriótico.
El derecho y la libertad individual menos defendida, la más desamparada, es la libertad de expresión. A los dictadores y tiranos se les juzga y se les condena por toda la gama de atropellos que han cometido y cometen como asesinatos, desaparición de personas, torturas, corrupción, pero a ninguno por haber privado a los ciudadanos de su derecho a informarse y a expresarse libremente. Ninguno fue castigado por atentar y acabar con la libertad de prensa, pese a que fue el primer delito que cometieron y a partir de ahí, impuesto el silencio, se sintieron libres e impunes para cometer cualquier otro tipo de delito.
Todos los códigos prevén penas específicas, claras y expresamente determinadas, para castigar a aquellos que atentan o intentan atentar- contra la vida, la integridad física, el honor, la propiedad, el derecho a circular o reunirse de sus conciudadanos. Sin embargo, salvo excepciones, ese tipo de castigos no están previstos para quienes atentan o lo intentan contra el derecho de los ciudadanos a opinar y a informarse, buscar información e informar. La amenaza y la apología al delito están castigadas, pero cuando se ataca a la prensa y los periodistas y se arenga contra ellas con el ánimo de atemorizarlos y acallarlos no se considera ni amenaza ni apología.
Se ha llegado a un extremo tal que en muchos de nuestros países no solo no hay castigos para quienes atentan, amenazan o hacen la apología a todas formas de limitación de la libertad de expresión, sino que hasta se utilizan los propios tribunales de justicia para coartar ese derecho ciudadano. Y eso que la Corte Interamericana de Justicia, en memorable sentencia ha señalado a esa práctica como una forma de ataque a la libertad de prensa y la independencia de los periodistas.
Hay quienes, ingenuamente en muchos casos pero con notoria mala fe en otros tantos, hablan de derechos superiores: a la vida, el libre pensamiento, y hasta el honor. Pero ¿de qué sirve la vida y la libertad de pensamiento si no existe la posibilidad de expresarlo? ¿Quién puede hablar de honor si acepta que se le cercene su libertad básica y se le transforme en un ser vegetativo, como si hubiera sufrido un derrame cerebral, o peor aún, si pretende que ese sea el estado del resto de sus conciudadanos, o por lo menos el de aquellos que no están dispuestos a callar, que quieren saber y no aceptan someterse?
Así como las convenciones que amparan los derechos humanos condenan y prohíben cualquier tipo de propaganda y apología al odio racial y condena cualquier tipo de acción y actos violentos y discriminatorios contra las personas por su raza, color, religión, idioma u origen nacional, de la misma manera y con el mismo rigor se lo debería establecer y poner en práctica para defender la libertad de prensa y castigar a quienes apuntan contra ella.
En definitiva, estos continuos ataques a la prensa y a periodistas son una forma más de racismo. Un racismo de tipo global contra la especie humana.
El autor es periodista y fue presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP)
|