| HOY SE CUMPLE CONDENA DEL EX GENERAL.
Noriega, González y Carter
Betty Brannan Jaén
laprensadc@aol.com
NUEVA YORK. -Esta semana no ha sido lo que los norteamericanos llamarían un momento de slow news [pocas noticias]. Como este pequeño espacio no me alcanza para todo lo que quisiera comentarles del affaire Noriega, de la elección de Pedro Miguel González como presidente de la Asamblea, y de las declaraciones que me hizo Jimmy Carter a su regreso de las ceremonias para inaugurar la ampliación canalera, hoy solo daré unos pincelazos rápidos, con la promesa de retomar estos temas más adelante.
Primero, lo de Manuel Antonio Noriega: Aunque hoy es su mandatory release date [fecha de liberación obligatoria] en Miami, Noriega no será puesto en libertad hoy y tampoco se lo llevarán a escondidas a Francia, como los abogados de ex dictador acusaron el miércoles. Según la información que tengo, sumado a lo que conozco del sistema estadounidense y lo reportado en medios norteamericanos, saco en conclusión que la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, está más que lista a autorizar la extradición de Noriega a Francia, pero que no lo hará hasta que se hayan agotado todas las apelaciones. Mientras tanto, él seguirá preso; al momento de escribir esto, no está claro si lo dejarán donde está o si lo trasladarán temporalmente a otra cárcel.
Además, no le veo un futuro muy prometedor a las apelaciones de Noriega. Todos los fallos del juez Hoeveler en el caso --a lo largo de estos 17 años-- han sido reafirmados por los tribunales superiores y creo que igual ocurrirá con este ultimo manotón de ahogado lanzado por los abogados del ex dictador, valiéndose de que los medios panameños habíamos informado que Francia no le reconocerá el estatus de prisionero de guerra. El miércoles en la noche, los abogados de Noriega estuvieron llamando desesperadamente a todo el que pudiera tirarle un salvavidas y me sorprendió que al día siguiente, el diario Panamá América inflara eso en un afán de protagonismo poco profesional. (Ver su primera plana del jueves.) Solo como footnote [nota de pie], haré constar en el archivo que a mí también me llamaron esa noche para pedir ayuda, pero respondí que me parecía una falta de ética periodística involucrarme en un caso penal que he venido cubriendo. Me limité a decirles que "I stand by my reporting" ["Me ratifico en lo que he informado".]
Al mismo tiempo, estalló una nueva etapa del embrollo de Pedro Miguel González, un caso del que primero escribí en 1996 y 1997, cuando los norteamericanos reaccionaron con furia a la absolución de González por el asesinato del soldado Zak Hernández. De lo mucho que quisiera comentar sobre el caso, hoy solo explicaré que uno de los agravantes es que en Panamá no se comprende la manera en que Estados Unidos aplica el concepto de double jeopardy [cosa juzgada]. En Estados Unidos, double jeopardy solo se aplica a dos juicios por el mismo delito en la misma jurisdicción, sin cruzar siquiera del sistema estatal al federal, menos aun de un país a otro. Por ello, cuando Estados Unidos se reserva el derecho de juzgar a González aun después de su absolución en Panamá, igual podría hacerlo si González hubiera sido juzgado previamente en Austria, Inglaterra, Japón, o cualquier otro país. Otro día escribiré de esto más detalladamente pero hoy solo comentaré que, como mínimo, la elección de González me parece un grave error político y diplomático por parte del PRD.
Cierro con Jimmy Carter, quien me dejó al borde del desmayo con una entrevista publicada el viernes. (Si no la vieron, búsquenla). Carter me dijo que en las negociaciones canaleras, a él no le preocupó que Omar Torrijos fuera un dictador porque era un hombre "honesto y directo, valiente" que nunca reprimió al pueblo. Carter osó afirmar que "jamás hubo pruebas, o siquiera acusación, de que Torrijos engañó o intentó abusar de su propio pueblo" y hasta legitimó la presidencia de Nicky Barletta al decir que el Centro Carter certificó que la elección de 1984 "expresaba verazmente la voluntad del pueblo". Admitió que a nadie en la administración Carter se le ocurrió exigirle a Omar que restableciera democracia en Panamá antes de firmar los tratados en vez de después.
Carter dijo muchas otras cosas que comentaré otro día porque hoy solo me queda espacio para señalar que estas declaraciones confirman la medida en que Carter fue cómplice de la dictadura, descalificándolo para siempre como defensor de democracia y derechos humanos.
La autora es corresponsal de La Prensa
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