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Panamá, domingo 9 de septiembre de 2007
 
Destinos cercanos
La Barqueta
 
Los viajeros se trasladaron a la playa chiricana para observar el desove de las tortugas; en el intento, encontraron un paisaje hermoso. 
 
ALEXANDER AROSEMENA 
mosaico@prensa.com 
 
Luego de siete horas en autobús llegué a la terminal de David, Chiriquí, para encontrarme con los chicos del Club Panama Rovers. La gira era a la playa La Barqueta, a unos 30 minutos de la ciudad de David, rumbo a Alanje. En la entrada de la playa nos encontramos con un vivero artificial para la “siembra” de huevos de tortuga.

Su propietario, Marcial Rojas, tiene unos 16 años trabajando voluntariamente para la protección de estos animales. Todos los días, a eso de las 5:00 a.m., recorre la extensa playa en busca de huevos para luego “sembrarlos” en el vivero.

Luego de unos 45 días, las tortugas empiezan a nacer y Marcial se asegura de que cada uno baje por su cuenta hasta el agua, protegiéndolos de perros, cangrejos, gallotes y talingos. Cuando sean adultas, regresarán a esta misma playa para desovar. Hoy día Marcial trabaja para la Autoridad Nacional del Ambiente y cuenta con el apoyo de algunos lugareños. “Cada vez regresan menos”, cuenta Marcial, “pero hay que seguir trabajando”.

La razón de nuestro viaje era observar el desove. Durante la noche, las tortugas se arrastran hasta la orilla donde depositan sus huevos para luego volver al mar. Era un cuarto para las 5:00, y con las mochilas al hombro seguimos el viaje a pie por la playa, rumbo al área de acampar. La tarde estaba fresca mientras el sol caía lentamente a nuestras espaldas.

Después nos encontramos con una serpiente marina, una venenosa, muerta, abandonada por la marea. A hora y media de viaje apareció lo único que íbamos a ver relacionado con tortugas, un caparazón vacío.

Finalmente, bastante agotados, llegamos a la finca donde acamparíamos. Su dueño, de apellido Cruz, muy buena gente, nos ofreció albergue en su rancho de dos pisos y sus hijas nos brindaron arroz con tasajo. Luego de cenar, montar las carpas y tomar algo de chocolate caliente, bajamos nuevamente a la playa a eso de las 9:30 p.m. en busca de las tortugas. Caminamos por unas dos horas, solo vimos una gaviota moribunda, echada en la playa, esperando la muerte mientras observaba la luna, que salió hermosa esa noche. No pudimos observar ningún desove, pero por lo menos el sol y la luna nos organizaron un espectáculo.

Recomendaciones:

La Anam permite a los viajeros acampar siempre y cuando paguen los 5 balboas que cobran. Es bueno llevar botas o zapatillas de tracción para explorar el resto del refugio; repelente para los mosquitos y algo de aceite para las chitras; bloqueador solar y mucha agua. En la entrada de la playa hay algunos restaurantes al aire libre para celebrar luego de su viaje.
 

 



© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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