| INMIGRACIÓN.
La amnesia europea
José E. Mosquera
Es innegable que por el desarrollo económico que tienen Estados Unidos y las cinco naciones más ricas de la Unión Europea se han convertido en las principales receptoras de las nuevas oleadas de inmigrantes latinos, africanos, asiáticos y de otras naciones menos desarrolladas de la misma Europa.
Dado el crecimiento económico que ha alcanzado España en las últimas décadas, se ha convertido en el principal destino de las inmigraciones africanas y latinas. Sin embargo, esa preponderancia, además del aspecto económico, tiene mucho que ver con las restricciones y el endurecimiento de las leyes de regulación expedidas en Inglaterra, Italia, Francia y Alemania.
Por eso, diariamente miles de africanos de diversas procedencias intentan saltar la cerca metálica que separa a Marruecos de la ciudad de Melilla o llegar a través del Mediterráneo en las tradicionales pateras a las costas españolas, con el fin de alcanzar el sueño europeo. Lo mismo ocurre con ciento de latinos que a través de los pasadizos fronterizos mexicanos buscan llegar al sueño norteamericano.
Ese es un drama permanente de centenares de individuos que anhelan encontrar nuevas perspectivas económicas, tanto en los Estados Unidos como en Europa, en el cual los más afortunados coronan su sueño, mientras que para otros esas esperanzas se desvanecen al ser robados, asesinados, o capturados por las autoridades y devueltos a sus países de origen.
Por la clandestinidad del trasiego no se tienen cifras a cerca del número de latinos que mueren en las rutas clandestinas mexicanas, como tampoco sobre los africanos que perecen en las travesías desde sus países de origen y en el Mediterráneo.
Las inmigraciones hacia los países de Europa occidental no son un asunto exclusivo de africanos y latinos. De hecho, el derrumbamiento del socialismo soviético y en los países de Europa oriental, también ha generado un enorme movimiento de inmigrantes ucranianos, polacos, húngaros, rumanos y búlgaros.
Los cambios en las estructuras políticas y económicas de estos países propiciaron transformaciones que motivaron la apertura de las fronteras y con estas se estimularon las inmigraciones de personas en la búsqueda de mejores condiciones económicas y laborales.
Las inmigraciones las debemos analizar como fenómenos sociales que de alguna manera están asociados con los problemas de la pobreza, los conflictos políticos, militares y, desde luego, con el crecimiento económico desigual entre los países receptores y las naciones de orígenes de los emigrantes. Para Claudia Pedone, una experta en asuntos de migraciones de la Universidad Autónoma de Barcelona, los factores que favorecen los movimientos migratorios de los norteafricanos, los subsaharianos y los latinos a Europa, están asociados a las proximidades, las relaciones coloniales o lazos históricos, el conocimiento del idioma y las redes sociales que funcionan desde hace mucho tiempo en varios países.
Las inmigraciones entre África y Europa y entre esta última y América han sido una cuestión histórica de doble vía, en el pasado fueron los europeos que se desplazaron a tierras americanas y africanas y actualmente las cosas son al contrario.
Un asunto que tratan Elda González Martínez y Asunción Merino Hernando, dos destacadas investigadoras del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid, en el libro Las Migraciones Internacionales. Una investigación bien documentada de los movimientos migratorios transatlánticos de los europeos hacia América en los siglos XIX y XX, en ella examinan las dinámicas y las causas de los desplazamientos hacia América, África y Australia. Del mismo modo, la situación económica, política y social, en cuanto a las restricciones y las leyes de regulación.
Demuestran que entre 1850 y 1945 salieron de Europa 58 millones de personas, de las cuales el 70% marchó a Estados Unidos, el 20% a Latinoamérica, el 5% a Australia y el resto a Rusia y África. En el caso de América fue un movimiento que generó grandes transformaciones demográficas y sociales en nuestros países.
Los prejuicios raciales y los brotes de xenofobia que hay en contra de los inmigrantes africanos y latinos en Europa son la expresión del desconocimiento de la historia de las inmigraciones europeas hacia América como consecuencia de las guerras y las hambrunas. Esa es la otra cara de la hipocresía que tienen algunos gobiernos y líderes políticos de la Unión Europea en el tratamiento de las inmigraciones.
Periodista y escritor colombiano
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