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Panamá, viernes 7 de septiembre de 2007
 

UN MÁRTIR INNECESARIO.

Para decir mentiras y comer pescado, hay que tener mucho cuidado

Marcos A. Mora R.

El título de este artículo era un viejo dicho que se repetía frecuentemente en los años de mi niñez por parte de mi abuela y de otras señoras de la época.

Tenían mucha razón los que ese refrán decían, ya que comer pescado de prisa y sin el debido cuidado, puede ocasionar que una espina se le atragante al más despistado de los mortales.

Hasta aquí los lectores estarán tan despistados como quien come pescado a toda prisa, pero lo que queremos resaltar es el hecho de la vinculación de Saúl Méndez con un extraño contrato para intentar ocasionar desórdenes en una manifestación convocada por el Suntracs.

El referido sindicato ha sido un muro de contención en la desigual relación capital/trabajo que por espacio de más de 30 años ha logrado conquistar justas aspiraciones de sus agremiados a través de amplias y difíciles negociaciones con su contraparte de la Capac que también merece ser señalada como una agrupación empresarial de vanguardia que ha creído que es más fructífero negociar que guerrear y que al final del camino todos salgan ganando por su aporte y contribución al desarrollo del país.

Hoy día tenemos en nuestro medio muchos empresarios y políticos que en otros países vecinos creyeron que todo el producto de la bonanza era para premiar o retribuir al más fuerte o al poseedor del capital, hasta que llegó alguien que captó el nivel de insatisfacción de ese pueblo para catapultarse a las altas esferas del poder. Hoy lloran por no haber comprendido a tiempo que en los beneficios del desarrollo hay que "bañarse en regadera" para que todos reciban parte del frescor de las aguas del progreso.

Aunque de los dirigentes del Suntracs, Saúl es el que a mi juicio tiene más poses y actitudes extremistas, y a veces con la justificación que le brindan las autoridades de gobierno, lo considero una persona con una inteligencia fuera de lo normal.

Endilgarle a Saúl el mamotreto que se ha promocionado es hacernos creer a todos los panameños que somos una partida de imbéciles y tarados.

Si yo quisiera hacer lo que se supone hizo Saúl, lo primero que haría es tener plena seguridad de la persona a la que encargaría el "trabajo" y por ninguna razón me pondría al frente de ningún contacto. Por otra parte, yo considero que para dicho encargo y al precio que se dice se negoció, aún a esta fecha estarían formando filas un montón de drogadictos y delincuentes, que como en licitación por precio más bajo estarían dando "precios de oferta" por cometer el ilícito sin necesidad de increíbles arrepentimientos de última hora.

La trama de este cuento me transporta a la época de los militares donde a raíz del cruel y abominable asesinato del buen amigo Dr. Hugo Spadafora, estos infelices cobardes que no supieron adoptar poses de varones a su debido tiempo, trataron de involucrar a un alemán que al ser interrogado por la prensa dejó muy mal parado al mensajero de este show, el coronel Roberto Díaz Herrera. Me imagino que todo fue parte del espíritu maquiavélico de Manuel Antonio Noriega que a la par de desvincularse del crimen, dejaba muy mal parado a su probable sucesor en el cargo.

Señores del Gobierno hasta para decir mentiras hay que ser creativos, dejemos a Saúl en paz y no hagamos de él un mártir innecesario.

El autor es economista
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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