| MADRE TERESA.
Santa de la oscuridad
En la medida que la gente haya intentado alguna vez proyectarse en la mente de la Madre Teresa, quizás haya imaginado una bóveda gótica inundada por deslumbrantes rayos de convicción santa. En verdad resulta impactante descubrir que era un lugar oscuro y con el espíritu quebrado, rebosante de dudas.
Un nuevo libro con sus cartas, Mother Theresa: Come Be My Light (Madre Teresa: Ven y sé mi luz), publicado por la editorial Doubleday, la muestra luchando a lo largo de varias décadas en contra del descreimiento. "Si alguna vez me convierten en una santa", escribió en una carta, "seguramente voy a ser una de la oscuridad". Y en otra: "Si no hubiera Dios no podría haber alma. Si no hay alma, entonces, Jesús, tú tampoco eres verdadero. El Cielo, qué vacuidad".
Quizás lo anterior sacuda a algunos creyentes, pero es un bienvenido recordatorio de que los santos, también, son tan solo humanos, y que las historias de inquebrantable piedad tienden a ser falsas. Las cartas mismas que la Madre Teresa quería que fueran destruidas pudieran contribuir a corroer la pátina de mito que se ha estado adhiriendo a ella desde mucho antes de su muerte, en 1997.
Las misivas, de manera similar, revelan a una monja de astucia voluntariosa, quien puso a prueba los límites de su voto de estricta obediencia en su campaña en pos de obtener permiso para dejar su orden, las Hermanas de Loreto, para fundar Misioneros de la Caridad, con el radical objetivo de salir de los muros del convento y vivir entre los pobres de las barriadas de Calcuta. "Por favor, déjeme ir", escribió ella en una de muchas e insistentes cartas dirigidas a su arzobispo. "Si el trabajo es enteramente humano, morirá conmigo; si todo es Su obra, vivirá por generaciones futuras. En el ínterin, se están perdiendo almas".
Cuando el arzobispo cedió, el resto terminó siendo historia, hasta la revelación del dolor que la persiguió tenazmente a lo largo de las décadas.
"Yo creo que no hay mayor sufrimiento que el causado por las dudas de la gente que quiere creer", escribió Flannery O’Connor, el escritor católico cuyos relatos recorren el panorama de la descreencia del siglo XX. "Lo que la gente no ve es el verdadero costo de la religión. Piensan que la fe es una gran manta eléctrica, cuando es, por supuesto, la cruz. Es mucho más difícil creer que no hacerlo".
O’Connor sufría de aislamiento y una enfermedad debilitante, en tanto la Madre Teresa de varias décadas de vacío espiritual. Sin embargo, y esta es la parte ejemplar, inspiradora incluso, bajo las normas de una era seglar ambos mantuvieron la boca cerrada con respecto al tema y siguieron con su propio trabajo.
La Madre Teresa, enferma de añoranza por un sentido de lo divino, mantuvo la fe entre los enfermos de Calcuta. Y ahora, luego de haber estado muerta por 10 años, ella está por llegarles a quienes finalmente pueden reconocer, en ella, algo de sus propias dudas y conflictos internos.
Editorial de The New York Times, de la edición de ayer.
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