| LEUCEMIA Y CÁNCER.
Una fundación para la vida
Patricia Pizzurno
Hablar de la Fundación Amigos del Niño con Leucemia y Cáncer (Fanlyc) despierta una serie de emociones difíciles de definir. Y es que si bien esta obra nos conmueve profundamente, también nos llena de orgullo. Pensar en este grupo de panameños/as sensible y desinteresado cuyo leitmotiv es compartir su tiempo, sus energías, su creatividad, sus recursos y su amor con los niños que padecen cáncer y con sus familias, nos devuelve la confianza en el ser humano.
La gente de la fundación es especial. Allí la enfermedad se convierte en oportunidad y con esa filosofía tatuada en el corazón es que logran hacer de la vida en la posada una fiesta permanente.
La posada no solo es la sede de la fundación, sino que también brinda hospedaje a los niños del interior del país que reciben tratamiento en la capital. Allí se los acoge, se los aloja y no solo se les proporciona un lugar donde vivir en forma temporal, sino que se les brinda un hogar donde encuentran una familia, amigos, sonrisas, contención psicológica, diversión en grande y hasta se convierten en los príncipes y las princesas que siempre soñaron ser. Por eso, la posada es para muchos un sueño hecho realidad.
Sus orígenes se remontan a 1997 cuando se inauguró el primer centro de acogida para niños sometidos a tratamiento ambulatorio que no tenían dónde alojarse en la ciudad capital. En 2002, la Teletón 20-30 tuvo como objetivo recaudar los fondos necesarios para construir una nueva posada con capacidad suficiente para satisfacer la creciente demanda. El resultado fue una casa con 16 habitaciones, áreas sociales, de servicio y oficinas administrativas. Más recientemente, donaciones obtenidas de empresas y amigos de la fundación permitieron la construcción de ocho habitaciones adicionales para pacientes con transplante de médula ósea, de una capilla enclavada en el patio central que es el epicentro de la posada hacia donde convergen todas las miradas, así como la instalación de un elevador y la adquisición de mobiliario.
La decoración de cada habitación se basa en un tema central pensado para despertar la fuerza interior de cada niño, fundamental para acometer con éxito la lucha personal contra la enfermedad.
En la posada no hay cabida, ni tiempo para la tristeza o el desánimo. Optimismo, alegría, buena onda y fe resultan ser las medicinas más poderosas que se le administran a los niños y a sus familias. La reciente radiomaratón con la participación de artistas nacionales y el nuevo programa de confección de pelucas infantiles, son pruebas de ello.
Una legión de ángeles atiende a los enfermos y satisface sus necesidades. Ángeles que ayudan con alegría a los que sufren y luchan a brazo partido por la vida de los niños. Lo que más sorprende es que parece existir un código secreto que desterró para siempre los imposibles y el vocablo "no". Allí todo parece posible porque existe una fe inquebrantable en la vida.
Lo bueno es que la fundación promueve suficientes programas para que todos nos involucremos y participemos de esta maravillosa obra que es la apuesta más extraordinaria a la vida de nuestros niños enfermos.
La autora es historiadora y docente universitaria
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