| LA ELECCIÓN EN LA ASAMBLEA.
Democracia y respeto a las minorías
Rainier A. Del Rosario Franco
En las últimas elecciones el pueblo panameño le otorgó, además de la Presidencia, el control de la Asamblea al Partido Revolucionario Democrático. Decisión tomada de forma democrática y soberana por los panameños. Sin embargo, la democracia no es una forma de escoger los gobiernos, es una manera de gobernar sustentada en el pueblo, pero en todo el pueblo, no de una parte de este (aunque esa parte sea la mayoritaria).
Según la tesis de Aristóteles, la forma degenerativa de la democracia era la oclocracia, el gobierno de la muchedumbre, en alusión a que gobernara una "tiranía de las mayorías incultas". Esta noción radicaba en la estructura social de la antigüedad donde no se reconocía la igualdad los seres humanos. Hoy está bastante claro, que el problema de la democracia no es que se convierta en una tiranía de mayorías incultas, sino que simplemente sea una tiranía de la mayoría sin importar el grado cultural de la misma.
Hans Kelsen, uno de los mayores teóricos de la democracia del siglo XX, sostenía que "La voluntad general formada sobre la base del principio mayoritario no debe ser una decisión dictatorial impuesta por la mayoría a la minoría". Aducía el maestro austriaco, que el respeto a la minoría era lo que permitiría la construcción en la voluntad colectiva, sobre la base del enfrentamiento de posiciones antagónicas.
Así, pues, democracia, incluso más que una forma de gobierno, es una forma de convivencia. Forma que el Partido Revolucionario Democrático no practica, ni conoce. Su desconocimiento queda plasmado cuando dicen ser "el partido más democrático del país"; cuando un demócrata sabe que la democracia, como el embarazo, es un estado binario; se es, o no se es demócrata. Lo que sí hay, son muchas maneras de ejercer un gobierno democrático, de las cuales el PRD no parece conocer ninguna.
Esta administración, tanto en la Asamblea, como el Ejecutivo, ha demostrado un total desinterés por las opiniones fuera del PRD, actitud que se demostró con la reforma tributaria, la reforma al Código Penal, la ampliación del Canal y un larguísimo etcétera que toca techo con la escogencia de Pedro Miguel González como presidente de la Asamblea Nacional. El partido mayoritario pudo escoger una figura que no levantara heridas, que no crispara el ambiente, que no tuviera restos del oscuro pasado del PRD; pero, para qué iban a elegir uno así cuando podían buscar al que más inestabilidad causara y que trae a la memoria los momentos más difíciles del pueblo panameño. El PRD puede elegir a quien quiera, los panameños le dimos ese derecho, no lo cuestiono, pero por tener derecho a hacer algo, no significa que eso sea lo mejor, ni lo correcto.
Democrático hubiese sido escoger un presidente, que siendo PRD, pudiera identificar a los panameños; sin embargo, prefirieron optar por uno con el que muchos nacionales jamás comulgarán. Como verán no he hecho ni una crítica a la persona del honorable diputado Pedro Miguel González, porque no es mi derecho, ni mi intención, juzgarlo; mi crítica la fundamento en lo que representa y el claro mensaje antidemocrático que envía el Gobierno con su designación. La reputación que precede al honorable diputado podría incluso ser injusta, pero en la política y en la convivencia social los gestos son muy importantes; y el gesto de elegirlo presidente del órgano más representativo de la voluntad popular, no puede interpretarse de otra manera que no sea como uno de desprecio a las minorías.
Por fortuna, y a pesar del denodado esfuerzo del Gobierno por acallar a las minorías, estas siguen vigentes en nuestro país, lo que garantiza la posibilidad de cambio en la voluntad popular que es la que determina quién es mayoría y quién minoría. Es deber de la oposición utilizar sus capacidades para que ese cambio se pueda llevar a cabo.
El autor es estudiante de doctorado en derecho de la Universidad Carlos III de Madrid
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