| ADMIRACIÓN.
Carter, el maestro de la ‘Biblia’
David Méndez Dutary
dmendezdu@hotmail.com
Esa noche había sido invitado a participar en una cena donde estaría un ex presidente norteamericano. Muchas interrogantes pasaron por mi mente y grandes expectativas surgieron a medida que se acercaba el momento.
Con paso lento, pero firme, la cabeza blanca y una amplia sonrisa, entró al recinto. Una multitud lo esperaba con curiosidad, la mayoría de ellos cristianos del grupo de Calle Belén. También estaban figuras políticas, personalidades del mundo social y profesores de algunas universidades.
El trigésimo noveno presidente de Estados Unidos y Premio Nobel de la Paz, James Earl Carter, de 83 años, avanzaba con un pequeño libro negro entre sus manos, como uno de los tres reyes navideños, que llevaron regalos al niño Dios, cuando nació en Belén hace más de dos mil años.
Luego hizo su entrada el presidente, el Lic. Martín Torrijos Espino. A Carter se le presentó brevemente, y luego fue invitado a la tarima. Lo primero que hizo fue identificar el libro que tenía en sus manos, como La Santa Palabra de Dios, la cual, por más de 50 años, nunca se ha dormido, sin dedicarle un tiempo a su lectura.
Durante su disertación jamás se exaltó, lo que después de leer su impresionante biografía, me hizo recordar lo que Pablo escribió en Filipenses 3, versículo 7: "Pero cuántas cosas eran para mi ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo". ¡Qué gran enseñanza!
Luego recordó un pasaje de su vida cuando fue invitado por uno de los mejores predicadores de Estados Unidos, a llevar un premio ganado por una pequeña iglesia de discapacitados, algunos portadores del Síndrome de Down. Comentó que durante la reunión, uno de los miembros no podía encender una de las velas, por presentar temblores en sus manos, lo que llamó la atención de toda la congregación y movió al famoso predicador a querer ayudarle. Al intentarlo el discapacitado no lo permitió y, enojado, alejó la mano del invitado que le quería ayudar, llenándose el ambiente de una gran tensión. Persistentemente continuó intentándolo, múltiples veces, pasándose un buen tiempo, hasta que finalmente alcanzó lograrlo.
Asegura el ex presidente que, varios meses después, en esa congregación, nadie se acordaba de lo que el famoso predicador había compartido, pero jamás olvidaron lo que aprendieron con aquel discapacitado.
No se extendió mucho. Oró al Señor por nuestro Presidente y nuestro país y así terminó su participación.
¡Cuánto aprendimos en tan poco tiempo! Perseverar siempre. Nuestra capacidad no depende de nuestra habilidad, sino de lo que Dios puede hacer con nosotros. Dios perfecciona su poder en nuestra debilidad. Ahora entiendo cómo pudo el Canal de Panamá ser devuelto a esta tierra, aunque tuviera un costo para el presidente Carter.
Justicia divina. Nuestros actos deben hablar más alto que nuestras palabras. Lo aprendemos de la Biblia, y se hizo una realidad en la vida de James Earl Carter, como ex presidente de la mayor nación del planeta, pero muy especialmente como maestro de escuela bíblica en la pequeña comunidad de Plains, estado de Georgia.
El autor es pediatra neonatólogo
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