PINTADA DE VERDE
SILENCIO. El gobierno ha pulido al máximo la táctica de dejar en el congelador los temas conflictivos, apostando a que la levedad del panameño y su proverbial inconstancia jugarán a favor del "clima propicio para la inversión" y la venta de la "marca país". En el campo de los peligros a nuestra biodiversidad, allí están los permisos para cazar delfines, la cementera de Rodman o el aterrador oleoducto que pasaría nada más y nada menos que por debajo del lago Gatún, sin que la posibilidad de que un accidente deje sin agua a la ciudad de Panamá y sus alrededores logre atemorizar a los funcionarios de la Patria Nueva.
Y en este último caso, hay datos que parecen indicar –a pesar del silencio oficial y los desmentidos en relación a tráficos de influencia y la utilización de información privilegiada por parte de funcionarios del Ministerio de Comercio e Industrias– que el proyecto sigue su marcha con buen pie. Si lo duda, allí está la recientemente (y otra vez en silencio o sin un amplio debate público) aprobada Ley 39 del 14 de agosto pasado. La ley declara nada más y nada menos de "utilidad pública y de interés social", una larga lista de actividades entre las que están, como no, "el transporte por oleoductos, poliductos y gaseoductos, refinación y almacenamiento y las obras que tales actividades requieran".
¿Lindo, no? Pero hay más, la ley añade que las empresas que realicen estas actividades no pagarán impuestos por la "importación de las maquinarias, equipos, repuestos y demás artículos"... ¡negocio redondo! Cuando se anunció el proyecto y tras la airada reacción de los taboganos, los inversionistas tuvieron una brillante idea: el centro de despacho en el Pacífico no estaría en la isla sino en una plataforma en el mar, como si tal cosa evitará la inevitable contaminación de Taboga. Por eso y a pesar del actual silencio oficial, no hay que bajar la guardia.
Lina Vega Abad
lina@prensa.com
|