| OBREROS DE LA CONSTRUCCIÓN.
¿Por qué mataron a Osvaldo y a Luigi?
Olmedo Beluche
Dos trabajadores asesinados en 48 horas, dos activistas del Sindicato Único de la Construcción y Similares (Suntracs): Osvaldo Lorenzo y Luigi Argüelles. Ambos asesinados a balazos: el primero, caído con un tiro en el pecho propinado por sicarios al servicio de la empresa Odebrecht, que construye el segundo tramo de la autopista Panamá-Colón; el segundo, muerto por un disparo a quemarropa hecho con una escopeta de perdigones por un suboficial de la Policía Nacional en el proyecto turístico Isla Viveros.
¿Por qué mataron a Osvaldo y a Luigi? Porque el Gobierno panameño ha adoptado un modelo de crecimiento económico y acumulación capitalista, cuyos réditos no pretende compartir con la clase trabajadora, basado en la especulación inmobiliaria (apartamentos de lujo para jubilados extranjeros) y en algunos megaproyectos financiados con fondos del canal y de la reforma tributaria.
Desde 2004-05 se ha producido una reactivación económica, teniendo como uno de los pilares fundamentales el sector construcción, fundamentalmente de rascacielos para inmigrantes de gran poder adquisitivo, pero también viviendas para sectores medios y altos. En 2006, cuando el producto interno bruto (PIB) creció al 8%, el sector de la construcción representó el segundo pilar del crecimiento económico, el cual se elevó en un 17.4% respecto a 2005.
En estos momentos están en proceso de construcción o en proyecto para empezar a edificarse más de 300 edificios en el área de la ciudad de Panamá, de los cuales al menos 35 sobrepasan los 40 pisos de altura. Según el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) el valor de estas obras excede con creces los mil millones de dólares, y se estarían financiando con crecimiento del crédito hipotecario del 14% y del crédito para la construcción del 44%.
Según el Informe Económico Anual 2006, del MEF, el gobierno proyecta megainversiones públicas y privadas por el orden de 21 mil 202 millones de dólares, entre 2006 y 2014. Entre los proyectos más importantes tenemos: ampliación del canal (5 mil 350 millones), grandes edificios (3 mil 200 millones), relleno y viaducto de la bahía de Panamá (110 millones), carretera Panamá-Colón (210 millones), autopista Panamá-Colón (donde mataron a Osvaldo, 210 millones), puerto de Palo Seco (600 millones), carretera Arraiján-La Chorrera (66 millones), etc.
Por supuesto, aunque el gobierno de Martín Torrijos no lo considera, muchas de estas inversiones no se realizarán si la economía mundial sufre una recesión producto de la crisis hipotecaria de Estados Unidos. De hecho, algunos de los grandes rascacielos proyectados para la Avenida Balboa han tenido que rebajar muchos pisos en sus planos, lo que puede ser un anuncio de que la burbuja inmobiliaria también reviente en Panamá.
Pero, al margen de cualquier proyección pesimista, el hecho es que ya están produciéndose pingües ganancias para los bancos, las empresas constructoras y el sector inmobiliario que intenta vender al país como un"paraíso" para jubilados norteamericano y europeos.
Un observador inocente podría pensar que, ante tamaña riqueza, la oligarquía financiera estaría dispuesta a dejar caer algo en los bolsillos de las empobrecidas clases trabajadoras panameñas, pero no, no es así. Una de las características económicas y sicológicas del capitalismo neoliberal es que padece de los siete pecados capitales, en especial la gula financiera, la soberbia del poder y la avaricia descarada.
Por eso, una de las características de estos megaproyectos es que, las empresas y sus títeres en el gobierno, no quieren que sus trabajadores se organicen en el Suntracs, por ser un gremio beligerante que ha logrado en los últimos 17 años las mejores contrataciones colectivas y ajustes salariales del país.
La estrategia que el sector empresarial y gubernamental está intentando imponer a sangre y fuego, es la impedir la libre agremiación de los trabajadores, mediante sucias tácticas como: firmar contrataciones colectivas, con sindicatos fieles a la empresa (amarillos) antes de que empiecen las obras y sin que los trabajadores hayan puesto un pie en ellas; obligar a los obreros a afiliarse al sindicato que la empresa quiere al momento de firmar su contrato de trabajo; y, si todo esto fracasa, despedirlos y amenazarlos con sicarios parados en la puerta.
El objetivo es simple: dinero. Más dinero del que ya ganan, sacado a costa de contratos laborales onerosos para los trabajadores, ahorrándose unos dólares en seguridad, otros en aumentos salariales, otros no pagando correctamente.
Pero la muerte de Osvaldo y Luigi no ha sido en vano. Ha puesto al desnudo este modelo criminal de acumulación de capital, que pone la riqueza de un solo lado de la balanza social. Su sacrificio ha puesto en pie de lucha a la clase trabajadora y le ha quitado la careta a los "judas" del movimiento sindical. En su nombre, y junto a sus cadáveres, juramos no desmayar en la lucha por una sociedad en la que la justicia, la libertad y la igualdad sean una realidad y no palabras huecas.
El autor es sociólogo
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