Tras 13 años de aquella reforma constitucional en la que se abolió el ejército, ningún militar había logrado acercarse tanto a saborear las mieles del poder. Hoy, dos ex miembros de las defenestradas Fuerzas de Defensa están al mando del ministerio cuya responsabilidad es precisamente garantizar la seguridad pública, la seguridad nacional y la salvaguarda de los derechos fundamentales de todos los que vivimos en este país.
No quisiéramos interpretar estas designaciones como un mensaje de advertencia sobre la reaparición de los métodos de intimidación del pasado. Confiamos que los años transcurridos le dejen claro a los hoy regentes, que coexistimos bajo un gobierno civil y disfrutamos de un régimen democrático que –aunque imperfecto e inmaduro– nos permite el pleno y pródigo goce de las libertades individuales y colectivas.
Las actuaciones del Presidente nos indican que ha decidido correrse el riesgo de confiar el poder civil a ex militares copartidarios. La historia confirmará si habremos de pagar caro por ello. |