| DICTADURA.
Recuerdos de niño, reflexiones de adulto
Gustavo Gordón Guerrero
La época de la dictadura no la viví a plenitud. Tengo recuerdos, como mucho, pero los que tengo los recuerdo bien. De niño, recuerdo la forma como mi abuela veía las noticias con tanta preocupación; el terror de mis padres cuando pinté una piña bajo un signo de prohibido y lo quitaron de mi pared, las preguntas que les hacía a mi mamá cuando papá fue arrestado… A medida que fui creciendo, me interesé por aquella época sombría de nuestra patria y me he obligado a leer todo cuanto caiga en mis manos que hable sobre la dictadura.
Hablando con mis amigos sobre el tema, hemos caído en cuenta que nosotros (esperamos) jamás viviremos situaciones como las que vivieron nuestros padres y que hicieron proezas al darnos una vida sin preocupaciones, aun cuando ellos estaban en constante zozobra, donde cada derecho fundamental era truncado al antojo de unos pocos.
Hoy sé que muchos de los que gobiernan el país actualmente formaron parte fundamental del engranaje castrense. Después de leer y aprender cosas sobre aquella época, me es difícil creer que no mantengan la misma forma de pensar, buscando la forma de beneficiarse del pueblo no al pueblo, y la prueba está en la forma como llevan las riendas del país algunas de estas personas, creando leyes para su propio bien, colegas o para su viejo amigo que hoy está en Miami.
La prensa local y algunos grupos nacionales han hecho énfasis en traer a Noriega para que rinda cuentas ante su pueblo, pero ¿cómo traerlo a que purgue sus condenas, si narcotraficantes de menor rango que él gozan de celdas lujosas y la impunidad en crímenes de cuello blanco es permitida por la administración de justicia? Estoy seguro que él está al tanto de casos de este tipo, especialmente el caso reciente de un condenado por peculado exiliado en el extranjero y que solo pasó un par de meses en la cárcel, y por causas médicas consigue la medida de casa por cárcel. ¿Quién nos dice que no pasará lo mismo con Noriega? Apuesto que él está esperando tener la misma suerte, cobijándose bajo la manta de ser un viejo senil y digno de lástima y compasión del pueblo panameño que olvida… ¡y cómo olvidamos!, porque hay una gran indiferencia en el público sobre la venida o no de él, cuando deberíamos exigir su regreso al gobierno con pancartas, marchas y pailazos en masa.
En la ciudad no hay una sola escultura, estatua o monumento, nada que refleje la lucha que hizo el pueblo panameño hace 20 años para ganar de vuelta el país. Hemos dejado de darle importancia a nuestro derecho de expresar nuestra opinión libremente, a no tener temor a que si nos reunimos, no nos romperán la puerta para cuestionarnos porque estamos reunidos, de oponernos al statu quo, es decir, olvidamos lo sufrido, como si siempre hubiere sido así. Creo que esa ha sido la más grande falla de nuestro pueblo: olvidar lo sufrido.
Ningún gobierno después de la dictadura se ha molestado en hacernos recordar esta época, mientras que la sociedad civil se dividió para buscar sus propios intereses. No hay un solo emblema que nos diga y recuerde NUNCA JAMÁS.
Me alegra que Noriega no regrese a Panamá. No porque me oponga a que pague sus deudas aquí, sino porque desconfío del sistema judicial, porque el mismo que hace 20 años lo absolvió de los mismos crímenes por los que fue sentenciado en Miami, hoy forma parte de la Asamblea Nacional y le confeccionó, cual sastre, una ley a la medida dejando la posibilidad a que un juez manejable, falle a su favor, y porque creo que sería una burla más grande para mí, para mi país y para los panameños en general, verlo sentado en su mecedora con su imagen de senil y abuelo cariñoso.
Yo invito a jóvenes que empiezan la vida laboral, gremial y universitaria, a que lean y aprendan lo que fue la dictadura y lo que representa en nuestra vida republicana. La indiferencia y la apatía hacia la situación de nuestro país no hará que se resuelva o mejore, como tampoco es el ejemplo a seguir para crecer profesional y económicamente; pero lo que sí dará como consecuencia es que nos condenemos a incurrir en los mismos errores y suframos otra dictadura.
El hecho que lo hagan personas mayores a nosotros no lo hace bien; es la excepción, no la regla, porque esto de que corrompidos confesos mostrando billetes en la televisión estén en la calle, o que personas que formaron parte de una dictadura formen parte de un gobierno, no ocurre en otros lados del mundo, solo en Panamá, ¿por qué? Porque olvidamos.
El autor es ciudadano panameño
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