| DEMAGOGIA.
La política frente al destino de la nación
Guillermo Roca Rivas
A medida que se aproxima la temporada pre electoral del año 2009, se oye a los políticos hablar de cambios y de inminentes alianzas partidistas como única forma de alcanzar el poder, sobre todo los sectores de la oposición.
Sin embargo, el PRD se mantiene en un aparente silencio poseído de sus más de 500 mil adherentes registrados en su colectivo. Es evidente que los partidos de oposición matemáticamente por sí solos no podrán ganar el poder al partido de actual gobierno, por lo tanto, son conscientes de la formación de una total alianza de partidos con candidato único para competir en la próxima contienda electoral como única alternativa de arrebatarle el poder al gobierno de turno. La percepción de muchos panameños acerca de la actual situación política con miras al próximo quinquenio administrativo no es otra cosa que una guerra sicológica de nervios entre el Gobierno y la oposición de ver quién alcanza el poder para seguir manteniendo sus tradicionales intereses, donde a la patria solo le queda recoger las migajas que sobran de los banquetes de los gobiernos de turno.
Convencidos de la conducta de los políticos tradicionales a través de los años, llegamos a la conclusión de que los llamados urgentes de reconciliación que vienen haciendo tanto el Gobierno como la oposición, no son otra cosa que una práctica demagoga, a fin de alcanzar el poder a toda costa para seguir manteniendo sus tradicionales intereses para el beneficio de sus castas sociales, económicas, familiares y políticas dentro de sus ambientes.
El partido en el poder se aferra en mantenerse poseído de su alto respaldo de su membresía, a pesar de sus ligeras pugnas internas haciendo promesas de cambios a sus adherentes y a la nación, mientras la oposición, por otro lado, viene haciendo llamados desesperados de reconciliación entre sus disidentes y otros sectores hasta el extremo de humillarse sin importarles las ofensas y heridas entre elementos de su partido, a fin de formar filas para una alianza de partidos con candidato propio sin distingos de clases, nombres y apellidos y poderes económicos bajo una reciprocidad interna, a fin de alcanzar igualmente el poder con la demagogia de que es para servir a la patria.
El concepto de una gran parte de la sociedad sobre el destino de la nación es incierto. El Gobierno y la oposición luchan desesperadamente por alcanzar el poder público mediante figuras clave con esperanza de adquirir los votos independientes y los del exterior en la próxima contienda electoral.
Si en verdad hay un interés de alianza patriótica sin intereses partidistas, existe en nuestro medio un sistema independiente honesto, democrático, voluntario fuera de presiones que representa la genuina voluntad y el querer del pueblo que son las encuestas públicas a nivel nacional. De otra manera, como nos ha venido diciendo la historia después del triunfo de cualquiera de los bandos políticos, se corre el tradicional peligro de que salgan a relucir las pugnas y las presiones internas políticas y personales, convirtiendo a la patria en una especie de carne o carroña estatal, en una jugosa presa del Estado, donde los políticos se presentan como buitres para ver cuál le arranca la mejor parte a la presa. Sobre esa brusca comparación le pido perdón a la patria, pero no a los buitres que la rodean. De llevarse a efecto esas macabras posibilidades entre el Gobierno y la oposición, entonces ¿qué recursos le quedarían a la patria?; verla correr sin ninguna esperanza, como una nave a la deriva.
En conclusión, la triste situación que vive la patria, se debe a la mala conducta de los malos políticos que a través de los años solo se han dedicado a explotar a la patria para sus conveniencias dejando a los demás panameños a un lado, acusándose de gobierno a gobierno sin el menor escrúpulo y sin ninguna moral que lo justifique.
Lo triste y peligroso de esa situación es que están dando margen a que salga del montón político un elemento desconocido con nombre y apellido diferente que con un eslogan que cale bien en la sociedad pudiera convertirse en presidente constitucional de Panamá, sin saber cuál sería el futuro de la nación, como viene sucediendo en otros países hermanos por a la frustración del pueblo. Debido a ello estamos observando, además, la participación de algunos sectores con ideologías exóticas y peligrosas en los movimientos sociales que solo tienen la idea de pescar en río revuelto con la misma demagogia.
Mientras ese sistema político y social no cambie en Panamá, donde los políticos solo luchan para mantener sus intereses y conveniencias, las injusticias, el desempleo, la delincuencia, el crimen y la pobreza extrema seguirán en aumento, corriendo el peligro de una inminente explosión social que después tendríamos que lamentar todos los panameños.
El autor es empresario
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