| TURISMO.
¿Por dónde caminarán en la ciudad?
Roberto Jean-Francois
robertojeanfrancois@hotmail.com
Es indiscutible que las bondades y ventajas de nuestra ciudad son abundantes. En gran medida, estas bondades y ventajas contribuyen a mantenerla atractiva a pesar de los esfuerzos contrarios realizados por gobernantes, políticos, empresarios y ciudadanos en general, a lo largo del tiempo.
Y sobre este particular, me ha inquietado la falta de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Explico: por un lado, se habla de grandes esfuerzos para atraer turismo (empresas y turistas), nos quejamos del sistema ineficiente y riesgoso de transportación pública, además de que cada día se congestionan más las calles con más vehículos, etc., y, por otro lado, me pregunto, ¿por dónde caminarán estos turistas que están viniendo y que vendrán?, ¿qué alternativa real se tiene para solucionar el mal llamado "transporte público"? (se habla mucho, pero se ve y se hace muy poco), ¿cuándo se organizará el tráfico desde y hacia la ciudad?
En términos de turismo, tenemos una ocupación hotelera polarizada en la ciudad de Panamá. Esto se constata geográficamente, en lo que denomino el "Distrito Turístico" (área compuesta por: el centro bancario, toda la Avenida Balboa, Casco Viejo, Panamá la Vieja, San Francisco, la Vía España -desde Fernández de Córdoba hasta la Central-, Bella Vista, Ancón), que es el área que concentra algo más del 60% de la capacidad de habitaciones hoteleras del país. Imaginemos lo que hace actualmente un turista o nacional que decide salir a deambular por estos lugares, la imaginación nos indicaría: inseguridad, acrobacias para burlar o evitar accidentes, falta total de información, desorden, caos, peligrosidad.
Es por ello que invito al alcalde, al ministro de Obras Públicas, al contralor, a la ministra del Vivienda, al ministro del Ipat, los representantes de corregimiento (Bella Vista, San Francisco, Calidonia, San Felipe, Ancón, Pueblo Nuevo), legisladores, Capac, directores de universidades (arquitectura, urbanismo y turismo), al director de Tránsito y la sociedad en general, a REALIZAR UNA CAMINATA REAL POR ESTAS ÁREAS, con el fin de comprobar de primera mano, lo que tienen que hacer los peatones cada vez que desean pasear por la ciudad.
Mi preocupación estriba en que nuestra ciudad no invita (por sí sola) a ser disfrutada al caminar por sus calles, cuando sabemos que caminar es (quizás) el medio más popular de movilización de turistas y nacionales. Y esto sucede, porque simplemente NO EXISTEN ACERAS DECENTES que nos permitan disfrutar de los atractivos que ofrece esta linda ciudad.
Las aceras son, desde mi humilde óptica, uno de los medios ideales para canalizar a los caminantes. Ellas hablan por sí solas de lo respetuosa que puede ser una administración estatal para con sus ciudadanos y visitantes.
Utópicamente: si estas aceras se rescatan, se modernizan, se adecentan (amplias y cómodas) se tornan prácticas y bien organizadas, además de arborizadas, delineadas y protegidas, de seguro serán utilizadas con muchísimo gusto. No hace falta adentrarnos en lo beneficioso que será para todos, por lo obvio. Basta con ver las grandes ciudades europeas y de Norte o Sur América. Todas coinciden con tener una red peatonal segura, cómoda y práctica.
No sé qué pasó, pero todas las construcciones viejas (creo que hasta los años 50) contaban con amplias aceras techadas (como en Colón y parte de Calidonia). Luego, se nos olvida, y llega una falta de gusto urbanístico, hasta nuestros días. Es cuestión de respeto ciudadano y previsión al futuro, manejado hoy por funcionarios eficaces y bien dirigidos.
Ojalá que este comentario, sobre la necesidad de aceras (al menos en la ciudad), sirva de iniciativa a seguir por los que pueden y tienen que mejorar nuestro estándar de vida ciudadana. Más aún, cuando por culpa nuestra hemos afectado al planeta, y de paso a nosotros mismos; hablo del calentamiento global, el uso excesivo de combustible y emanación de gases tóxicos, agravando el terrible efecto invernadero. Caminar más es un aporte sencillo y muy relevante en la lucha contra el calentamiento global.
Que Dios nos siga bendiciendo, Panamá.
El autor es hotelero y profesor universitario
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