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Reportaje especial
Panamá, martes 28 de agosto de 2007
 

DARIÉN. DOS MENORES –UNA KUNA Y UN REFUGIADO– LUCHAN POR SUS SENTIMIENTOS.

Historia de un amor prohibido

Los kunas tienen prohibido enamorarse de quienes no son de su etnia. La acción se sanciona con multas.

Los sailas representan la máxima autoridad en las comunidades indígenas de Panamá.

LA PRENSA/Bernardino Freire
CULTURA. Litzi y Osnaider estudiaban en el mismo colegio cuando se enamoraron. Hoy, después de varios meses, se niegan a separarse para cumplir con una tradición kuna. 902688
Jovanka Guardia
jguardia@prensa.com

"Es la historia de un amor como no hay otro igual...", dice la popular letra musical de Carlos Eleta Almarán, que cobra vida en las apartadas tierras de Darién. Cuando una indígena kuna se enamora de uno que no es de su etnia, lo que ocurre después no tiene parangón.

Las kunas no pueden ni deben permitirse amar a "latinos" o "libres" como le llaman al resto de los vivientes. El costo económico y social de esta acción resulta una carga poco llevadera.

A "Litzi", de 15 años, le pasó. Viajó desde Púcuro, en la frontera darienita, hasta El Real, un trayecto que demora unas seis horas en piragua a través del río Tuira. Iba a estudiar.

Con una amplia sonrisa y ojos expresivos, Litzi narró cómo, sin darse cuenta, conoció el amor. Mientras hablaba, parecía olvidar por un momento sus raíces. Se la veía feliz de ser la novia de "Osnaider", un menor de 17 años, refugiado.

En la escuela Emilia Valdelamar de El Real surgió el profundo sentimiento de estos jóvenes que ha causado revuelo en Púcuro.

Y es que la decisión de Litzi tiene un costo de 200 dólares (como mínimo) que deberá asumir Antonio. En Púcuro le llaman "multa, amonestación o impuesto".

Se trata de una ordenanza del saila, quien tiene la última palabra en este caso.

Si como máxima autoridad, el saila decide que después del pago de ese monto no cabe otra sanción contra Litzi, Osnaider o las familias de ambos, "no pasa nada y pueden seguir juntos", tal como explicó Hermógenes González, promotor de la Dirección de Política Indigenista del Ministerio de Gobierno y Justicia.

¿Negocio o tradición?

Lo que para los kunas es tradición, para la madre de Antonio, "María", una colombiana que huyó de la violencia hace 11 años, no es más que un negocio.

No deja de preguntarse por qué si los muchachos están dispuestos a formar un hogar, hay quienes se oponen, y como si fuera poco, cobren una determinada suma "dizque para la comunidad".

Su esposo también está indignado. A pesar de las muchas necesidades que enfrentan, le pidió a su hijo que se tranquilizara porque él haría hasta lo imposible por cancelar la deuda, si acaso los multan.

Mientras María hacía saber su posición, Litzi la miraba fijamente y asentía con la cabeza en señal de aprobación. Para entonces ya nos había comentado, con tono melancólico, que el 30 de agosto es la fecha que su papá puso como plazo para que ella regrese a Púcuro.

¿Tienes miedo de que te hagan algo?, preguntamos, y Litzi sin titubear respondió que sí. "Si regreso, mi papá me va a castigar... él está muy bravo".

No se equivoca. Precisamente hace unos días llegó a El Real la madre de Litzi con el firme propósito de llevársela. Creía que convencerla no le tomaría tiempo, sin embargo, después de varios días de insistencia, nada ha hecho que la joven cambie de parecer.

"Mi esposo dijo que si ella no se va conmigo, me va a dejar, y también que nos va a multar", dijo esta mujer de 41 años.

La expectativa crece a medida que se acerca el 30 de agosto. A solo dos días de esa fecha, Litzi y Antonio, tomados de la mano, prometen hacer lo que sea para permanecer juntos.

Un saila, 200 dólares, y lo que dicta la ley

Cuando se habla de tradiciones kunas, Ignacio Rodríguez, director de Política Indigenista del Ministerio de Gobierno y Justicia, pide cautela.

Antes de que surjan dudas, señala que el pago de una multa no debe interpretarse como "vender a la joven", sino como una amonestación al mal proceder de las personas, y en este caso, de la muchacha.

"Se trata de una norma kuna para la convivencia interna" que, según Rodríguez, no termina allí. El saila puede recurrir luego a "otras medidas" de seguimiento, pues "lo económico es una acción inmediata".

La situación de la pareja formada por Litzi y Antonio también es conocida ahora por las autoridades del Ministerio de Desarrollo Social. En la dirección de Pueblos Indígenas han prometido investigar los detalles.

Pero, ¿hay alguna esperanza legal para estos jóvenes? En el Código de la Familia se explica el procedimiento, si es que están decididos a casarse. Requieren la aprobación de los padres de ambos y, posteriormente, inscribir el matrimonio en el Registro Civil.



 
 
 
 
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