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La química, ciencia olvidada
Luis Cubilla Ríos
Recientemente dicté una conferencia a estudiantes de sexto año del Instituto Fermín Naudeau titulada "La química, una ciencia actual o una ciencia olvidada". Aprovechando la ocasión de que el pasado 6 de agosto se celebró en Panamá el día del químico, me voy a referir al tema.
Todos tenemos contacto con materiales químicos, algunos más conocidos que otros, pero todos ellos vinculados con nuestras actividades diarias: El agua que consumimos a diario y la cafeína que ingerimos al tomar una taza de café, son dos ejemplos. Podemos añadir los componentes de la cosmetología (los agradables y caros olores de las fragancias), los alimentos o los medicamentos. Durante los últimos meses y semanas, se han dado casos de alto perfil, vinculados con la química. El más reciente de ellos, el de los juguetes contaminados, en los que se utilizó, según se informa, pintura que contenía plomo en el proceso de acabado de los mismos. El plomo tiene la capacidad de interrumpir el proceso químico vinculado con la producción de hemoglobina, teniendo como consecuencia la generación de anemia. Un segundo caso lo constituye el envenenamiento con monóxido de carbono (CO), cuyo mecanismo de acción consiste en unirse con el hierro (Fe), que forma parte de la hemoglobina, de manera irreversible y que en altas cantidades ocasiona la muerte. Otro de los casos es la intoxicación mediante dietilene glicol; que por razón de diversas reacciones en el organismo causa, en algunos casos lentamente y en otros con mayor rapidez, la muerte.
El primero y el último caso descritos, están relacionados con el control de calidad en una cadena de producción. Este control incluye los análisis químicos; los mismos que son requeridos tanto para alimentos como para cosméticos. De la existencia de ellos depende el bienestar y la vida de los consumidores. Por ello, los laboratorios estatales o privados, dedicados al control de calidad y de producción, deben estar equipados con la tecnología de punta que les permita realizar análisis eficaces.
En estos laboratorios el profesional de la química o biología (a la cual me referiré en un futuro), juega roles de incalculable valor; aunque no esté en un escenario público como el abogado, el maestro o el médico. De ellos depende que el ciudadano común lleve a su mesa alimentos y consuma productos de alta calidad, que no tengan consecuencias negativas ni en ellos ni en su entorno.
En un mundo globalizado o sin fronteras, la formación de los nuevos profesionales en química debe ser actualizada y pertinente, de modo que facilite el desarrollo de las destrezas y competencias que se requieren. Es por ello, que las instituciones dedicadas a la formación de los mismos, deben contar con programas actualizados, infraestructura, instrumentación moderna y poseer las nuevas tecnologías. Adicionalmente, deben destinar el personal con la más alta preparación y actualización para que contribuya a forjar los profesionales que deben servir a la sociedad y al Estado. Esto, sin lugar a dudas, nos conducirá a ser más eficaces como Nación.
El autor es doctor en química orgánica y docente universitario
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