La Corte nuevamente nos da una lección de malabares al mejor estilo circense. Con un poco hilvanado fallo echa por tierra cualquier posibilidad de rescatar el emblemático Camino de Cruces para darle un espaldarazo a las retroexcavadoras de Pasco. Una vez más las millonarias inversiones pueden y pesan más que la preservación de la historia de este país.
Pero lo más grave es que esa puerta que ahora la Corte abre, podría dar pie a muchas otras arbitrariedades que a partir de este momento podrán filtrarse airosas por encima de la ley con la mera aprobación de una norma de menor jerarquía.
Todo ello, negándole a la sociedad su cuota de participación en la conservación y defensa del medio ambiente, su derecho a proteger los monumentos históricos y a salvaguardar los sitios protegidos. Tal parece que hemos quedado en manos del mejor postor y, frente a ello, solo la contundencia del poder ciudadano podrá vencer esta desigual batalla. |