| ARQUEOLOGÍA. LA NAVE SE ENCUENTRA encallada EN LA ISLA DE SAN TELMO, ARCHIPIÉLAGO DE LAS PERLAS.
Arena, perlas y un eslabón perdido
El submarino es uno de los más viejos del mundo. Su historia, su llegada a Panamá y la vida de su creador se conoció por una detallada investigación del arqueólogo marino James Delgado, de la Universidad de Texas (EU). El especialista presentó a la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico el informe preliminar, el 6 de agosto último, en el que incluía cinco alternativas para conservar el buque, encallado en la paradisíaca isla de San Telmo.
| Cortesía Carlos Fitzgerald |
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| SUBVENCIÓN. La expedición que encabezó Delgado en febrero de 2006 fue financiada por la Unión de Museos Marítimos Americanos, gracias a un aporte de la Oficina de Exploración de Océanos de Estados Unidos.902041 |
Santiago Fascetto
sfascetto@prensa.com
La lluvia caliente del trópico encendió la imaginación de los pescadores de la isla de San Telmo. El oscuro aparato que durante ciertas horas se dejaba ver en la orilla podía ser cualquier cosa. Primero se pensó que la nave había sido utilizada por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial para "sembrar veneno" en esta parte del mundo. Otros arriesgaban una conclusión más mágica: que el aparato trasladó a un grupo de enanos de rasgos asiáticos que tenía como misión atacar el Canal.
Pero la verdad, al final, estuvo lejos de las tesis de los pescadores de San Telmo. La máquina oscura que asomaba cuando el mar se retiraba es el Explorador, uno de los submarinos más antiguos del mundo que nació en 1865 para ser utilizado en la Guerra Civil de Estados Unidos (EU).
Su creador, el ingeniero de origen alemán Julius Kroehl, no logró terminar el submarino a tiempo para reforzar el poder naval de la Unión durante la Guerra Civil. Por eso, cuando enmudecieron los cañones, fundó junto con un grupo de empresarios la firma Pacific Pearl y en 1866 le asignó a la nave una misión menos riesgosa: rescatar perlas en las profundidades del OcéanoPacífico.
Pero al año de llegar al soporífero calor del istmo, el cuerpo de Kroehl se rindió: el 21 de septiembre de 1867 murió, dejando a su mejor creación varada en el Golfo de Panamá.
| Cortesía Dirección de Patrimonio Histórico |
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| Los 141 años a la intemperie hicieron que la estructura del submarino se desgaste. |
El Explorador fue, burlas del destino, su aporte a la historia y la causa de su muerte. La nave tenía una falla mortal que minó en forma silenciosa el cuerpo de su creador y para la cual no había cura en el siglo XIX: la enfermedad por descompresión.
A pesar de la desaparición de Kroehl, el negocio siguió adelante. El diario New York Times en su edición del 29 de agosto de 1869 informa sobre las actividades del submarino: "Se sumergió a las 11 a.m., zambulléndose debajo del agua por cuatro horas. Luego subió a la superficie con mil 800 ostras. La máquina enseguida hizo un sumergimiento cada día por 11 días, al final del cual todos los hombres se enfermaron con fiebre". En aquel momento la llamada "enfermedad de los buzos" no se había diagnosticado, pero sus síntomas se parecían a dos afecciones comunes aquí: la fiebre amarilla y la malaria.
No pasó mucho tiempo para que los tripulantes dejaran el mundo afectados por la misma enfermedad que Kroehl. Tras la muerte del equipo, en 1869, la nave fue abandonada en la isla de San Telmo, Archipiélago de Las Perlas. Y allí el mastodonte se dedicó a tratar de sobrevivir en un paraíso.
A merced de los caprichos del mar, la arena y los troncos, el Explorador volvió a ver la luz en febrero de 2001. Durante ese mes, el arqueólogo marino James Delgado, del Instituto de Arqueología Marina de la Universidad de Texas (EU), se detuvo en la isla observar aves y en ese momento supo que en la zona descansaba el submarino. En el 2004 volvió y tras un largo trabajo -que seguiría en el 2006- le terminó dando el nombre a la anónima máquina: Explorador.
| Cortesía Dirección de Patrimonio Histórico |
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| La mitad del tiempo la nave queda sumergida por la subida de la marea. |
La historia del submarino y su descubrimiento es parte del informe preliminar de 48 páginas que presentó Delgado -el 6 de agosto último- a la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico, que depende del Instituto Nacional de Cultura (Inac). Ahora, resta que en diciembre próximo presente su estudio final con los últimos datos (ver recuadro). Delgado pudo descifrar toda la historia del sumergible gracias a un permiso que le concedió el Inac el 18 de febrero de 2006.
Con el papel en la mano, Delgado y un grupo de científicos de Estados Unidos, Canadá, Australia y Panamá se lanzaron a la aventura de estudiar la máquina que -según Delgado- es el "eslabón perdido" en la historia de los submarinos.
Durante la última expedición -en febrero de 2006- el arqueólogo descubrió que la nave sufría un "continuo proceso de corrosión y desintegración agravado por su posición en la zona de olas y su completa exposición a la marea baja".
Pero no solo la naturaleza castigó a la nave. El especialista advirtió, además, que "grupos desconocidos salvaron o removieron porciones del Explorador incluyendo el timón, la hélice, la compuerta de la torre blindada de mando y algunos accesorios". Delgado señaló que el actual desafío que enfrenta la nave es el de su "conservación, preservación y más documentación". "Es la única -concluyó- e importante embarcación en peligro".
¿Qué habría pasado si el problema de la descompresión hubiera sido entendido en 1867? Quizás -arriesga Delgado- Kroehl se hubiera convertido en el "padre" de los submarinos modernos.
Pero las horas no vuelven. Y la situación del Explorador es el pasado que se acaba en forma inevitable por el golpe de las olas. Indiferente, el aparato parece hecho para no morir contra su voluntad y aún espera.
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