| MUERTE DE OBREROS.
Institutores y padre Cosca... ¿culpables?
Jorge Gamboa Arosemena
El cinismo en Panamá escala niveles no inconmensurables. En los últimos días escuchamos con frecuencia cómo los funcionarios y ciudadanos allegados al presidente Torrijos esgrimen, sin sonrojarse, que la muerte de los sindicalistas Lorenzo y Argüelles, tiene como responsables a la dirigencia del Suntracs.
Convenientemente olvidan estos distorsionadores de la verdad, que el estado de derecho garantiza el derecho a la protesta o manifestación de los ciudadanos y que el Estado tiene entidades que deben actuar en consecuencia para que las protestas se den y que no se produzcan atentados a la vida, honra y bienes de los asociados.
En enero de 1964, luego de haberse establecido que, donde ondeara una bandera estadounidense en sitios civiles, debía ondear una bandera panameña y al estarse violando este acuerdo, estudiantes institutores deciden hacer un acto de izada de nuestra bandera en la Escuela Superior de Balboa, donde estudiantes y padres de familia zonians desafiaban este acuerdo. El rector del Instituto Nacional entrega la bandera histórica ya usada en otras luchas reivindicativas y un grupo nutrido camina hacia la Escuela de Balboa. Llegan, cantan el himno, pero no pueden izar la bandera y son atacados por la prepotencia imperialista de los allí congregados. Los resultados son conocidos, 21 muertos y más de 300 heridos en represión llevada primero por la policía gringa y luego por el ejército de ocupación. Los estudiantes ejercían su derecho, reconocido por el rector del Instituto y en un inicio por la policía zoneíta que permitió que una delegación llegara al asta de la escuela, pero una vez los radicales imperialistas agredieron a los estudiantes panameños, la policía inicia la represión que luego es repelida por la indignación del pueblo panameño y llaman al ejército. Con la lógica de Gólcher, Rivera y compañía, los institutores manifestantes y el rector del Instituto, fueron los culpables de los muertos y heridos.
El domingo 30 de agosto de 1987, la Cruzada Civilista, con el liderazgo del padre David Cosca, párroco de San Antonio, llama a manifestarse a la ciudadanía, terminada la misa. Se camina pacíficamente hasta llegar a las inmediaciones de la antigua estatua de Roosevelt, donde sicarios paramilitares vinculados a legisladores, representantes y funcionarios de la Alcaldía de San Miguelito, todos elementos del PRD, arremeten a bala contra la manifestación que, por ser encabezada por un sacerdote llevaba personas mayores y hasta niños, situación que no disuadió a los maleantes del PRD. Luego de la estampida de los manifestantes, los sicarios paramilitares, en la Vía Domingo Díaz, a la entrada de la urbanización Santa Clara, abalean al trabajador Armando Morán, el cual muere víctima de este cobarde ataque. ¿Acaso el padre Cosca y los dirigentes de la Cruzada son responsables por la muerte de Morán? Preguntémosle a Gólcher, Rivera y compañía.
Ejemplos hay muchos, pero creo que, con estos dos, queda claro que lo esgrimido por la ministra Gólcher, el ministro Rivera, el sindicalista Pinzón y otros propagandistas del gobierno Torrijos, es una insensatez extraordinaria. Los ministros, si tuvieran un poco de vergüenza, debieron haber renunciado para reducir la carga política y moral que sobre todo el gobierno de Torrijos perdurará por la incapacidad de velar por la vida, honra y bienes que le ordena la Constitución y las leyes.
Las mentes criminales piensan al revés, ahora resulta que las víctimas son las culpables de las agresiones. Por eso se devanan el cerebro para ver cómo logran que Rafael Arosemena y Noriega cumplan en casa sus penas si no pueden exonerarlos. Que hay que voltear la página para no recordar el secuestro de la esposa e hija de Watson, el Cemis y todas las bellaqueras de la venta de la patria.
Así las cosas, los llamados dirigentes de los partidos de oposición juegan al clientelismo, a las encuestas, a los reinados de simpatías y a las comidas como mecanismo de crear una alternativa para el 2009. Si la alianza no tiene una concertación de partidos y sectores sociales para crear la nueva República, a través de un proceso constituyente, los ilusos que le temen a aventureros políticos revanchistas tendrán que cargar con la responsabilidad de que habrán sido los auxiliares inconscientes de la destrucción y ruina de Panamá.
El autor es odontólogo y político
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