Cada vez que EU nos recuerda lo vulnerable y frágil que es nuestra cotidianidad democrática, salen a relucir los pseudopatriotas, esos que no se miden para saquear el país en beneficio de sus propios bolsillos, pero que son los primeros en arroparse con la tricolor panameña para reclamar una complaciente soberanía.
Pero la nacionalidad no es una bandera que se enarbola a conveniencia, y los panameños ya hemos aprendido a reconocer cuando el llamado a defender la autonomía responde meramente a la necesidad de ocultar una verdad que perjudica.
Así, independientemente del grado de molestia que nos cause que el vecino del norte pretenda darnos lecciones de solvencia moral, lo innegable es que como sociedad nos corresponde reclamar a nuestros gobernantes una actuación apegada a la ley y que responda a los mejores intereses para el pueblo. Y es allí donde a veces fallamos. Que el PRD gobierna desde el Ejecutivo y el Legislativo es axiomático, pero ello no implica que debamos conformarnos con un diputado-presidente sin méritos para serlo. |