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Reportaje especial
Panamá, martes 21 de agosto de 2007
 

LA LIBERACIÓN DE NORIEGA.

Reflexiones sobre mi paso por Panamá (I

José E. Mosquera

Hace poco visité a Panamá con el fin de entrevistar a algunas personalidades panameñas y profundizar un poco más sobre el tema de la conexión vial entre los dos países. Un asunto de suma trascendencia para el libro que acabo de escribir, El Tapón de Darién: Mito y Leyenda, a través del cual, analizo las vicisitudes históricas de la construcción de la carretera Panamericana entre las dos naciones, los incumplimientos de los tratados, los imaginarios y los pretextos fitosanitarios y ambientales que sintetizan y exteriorizan de alguna manera la sutileza del sentimiento político anticolombianista reinante en la sociedad panameña, asunto que abordaré en un comentario más adelante. Ahora quiero compartir con los amables lectores otras reflexiones de mi paso por la bella, querendona y cautivadora ciudad de Panamá. Percibí que la inminente excarcelación de Manuel Antonio Noriega, el ex hombre fuerte de Panamá, tiene enrarecido el ambiente político. De hecho, su liberación causa escozor, desasosiego y zozobra en el pueblo panameño.

Se trata de un asunto que cada vez más fracciona a la sociedad panameña y en la medida que se acercan los días de la excarcelación, crece la intensidad del debate, así como la intranquilidad en los círculos políticos y empresariales que se beneficiaron de la narcodictadura entre 1981 y 1989.

A Noriega le quedan 19 días para recobrar su libertad y la mitad de ese tiempo para que la Corte federal de Miami defina el dilema jurídico si lo extradita a Francia, en donde le espera una condena de diez años de prisión por lavado de activos, o lo envía a Panamá, en donde afronta cargos más severos por crímenes de lesa humanidad, corrupción y una condena de 20 años de prisión por el asesinato de Hugo Spadafora.

Por eso, sus antiguos aliados políticos miran con profundo recelo su repatriación debido a las repercusiones políticas y jurídicas que tendrían aquellos procesos en su contra en Panamá, dado a que detrás de él se develarían otra serie de implicados en los mismos y, desde luego, es un tema que inquieta a más de un político y empresario panameño.

Igualmente, la liberación de Noriega genera un gran dilema para el gobierno del presidente Martín Torrijos, en primer lugar, porque la repatriación tiene un enorme costo político, dado que Noriega hizo parte del Partido Revolucionario Democrático, de manera que el PRD fue su bastión político y algunos de sus más representativas figuras ocuparon destacados cargos durante la dictadura y ahora un selecto grupo de esos mismos personajes hacen parte del actual gobierno.

En segundo lugar, la extradición a Francia para el gobierno de Torrijos, significa mantener alejado el fantasma de Noriega y, por consiguiente, esa es una manera sutil de evadir cualquier tipo de responsabilidad política en los procesos en su contra. Una postura que explica hasta cierto punto lo que muchos analistas panameños han calificado como una actitud ambigua. Una salida que de llegarse a consumar sería una afrenta para la mayoría del pueblo que sufrió el horror de la dictadura.

En efecto, el costo político del juzgamiento de Noriega, en caso de ser repatriado, es una papa caliente para el Gobierno y lo más probable es que no esté dispuesto a asumir esa embarazosa responsabilidad política.

El dilema de la extradición o la repatriación de Noriega ha calentado el panorama político, ya que el tema se ha convertido en un arma política por parte de la oposición que critica la ambivalencia del Gobierno y lo acusan de tener pactos secretos con el Departamento de Justicia de Estados Unidos y el Gobierno francés, en el cual este último saldría beneficiado por el favorcito de llevarse a Noriega a cambio de la adjudicación de un millonario contrato para la construcción del metro y, en este aspecto, habrá que esperar las determinaciones judiciales qué fin tienen.

Sin embargo, los gobiernos anteriores también son responsables de una serie de errores en el juicio contra Noriega. Es evidente, que más allá de los señalamientos políticos sobre la extradición o repatriación de Noriega, es un nefasto personaje que causa una profunda inestabilidad política en razón de las secuelas del terror, el dolor, la represión y las restricciones de las libertades que imperaron durante la dictadura.

El autor es periodista y escritor colombiano



 
 
 
 
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