| REALIDAD NACIONAL.
En perjuicio de terceros
Amed A. Arosemena A.
La muy predicada bonanza económica que vive la República de Panamá ante los ojos del mundo, parece contrastar fuertemente con la realidad nacional. Existen problemas -de fondo- que aún no han podido ser atendidos en una fase inicial y muchas son las virtudes -de forma- que se propagan para obtener como país, una notoriedad que sirva de imán a la inversión extranjera. No pretendemos un Panamá intachable porque tenemos nuestras virtudes y defectos como cualquier nación, pero los defectos son más notorios que los atributos ante la percepción pública y es cuando la disconformidad social se hace evidente dentro y fuera del territorio, adquiriendo un rol protagónico en nuestra idiosincrasia. Todos los componentes de la sociedad tienen algún grado de responsabilidad en los problemas que aquejan a nuestro país. El Estado, por permanecer en el reactivismo y no anticiparse a los acontecimientos; los sectores empresariales por no implementar verdaderas políticas de responsabilidad social y fundamentar su integración a la misma en una muy superficial filantropía, a tal punto que hoy varios empresarios aspiran a dirigir los destinos de la nación; y nosotros como ciudadanos por no tener la capacidad de integrar criterios para el beneficio colectivo, sentando un precedente nefasto para nuestra historia republicana y las próximas generaciones. Si basamos la percepción en aspectos de forma, encontramos un país con grandes edificaciones, una pujante economía, un sector turismo en expansión, centros financieros de primer mundo entre otras bondades. ¿Por qué si tenemos estos atributos envidiables por otros países del continente no hemos tenido la capacidad de resolver problemas tan elementales como la educación, la salud, la seguridad social y jurídica, el transporte público y la pobreza?, simplemente por falta de voluntad. Estos elementos van de la mano con los atributos antes mencionados, ya que no se puede pretender vivir en dos Panamá distintos donde en los últimos años impera un ambiente de disconformidad y hostilidad en las clases populares, quienes son las que sufren directamente los problemas de fondo e irónicamente representan la mayoría.
Los últimos acontecimientos entre obreros de Odebrecht y Suntracs muchos los han querido ver como un problema de forma que solo compete al Gobierno y a los dirigentes sindicales, pero realmente involucra a todos los sectores de manera indirecta. Este tipo de incidentes donde su majestad -la violencia- hace alarde de su máxima expresión, la muerte, nos deja muchas enseñanzas y son dignos de una profunda reflexión por parte de todos los panameños. Quizás los mecanismos erróneos utilizados por algunos dirigentes sindicales tal cual los señalamos en nuestro artículo Lo que el viento se llevará, publicado en La Prensa el día 18 de mayo del año en curso, hacen que la población no se identifique con estos movimientos y, por el contrario, se promueva la tendencia de satanizar cualquier intento de protesta, lo que va en detrimento del perfeccionamiento de la democracia criolla.
Estos incidentes son apenas el inicio de muchos otros que vendrán si no se atienden y resuelven de manera efectiva y oportuna los problemas prioritarios -de fondo y no de forma- para nuestras clases populares. La represión a los sindicatos repercutirá negativamente en terceros, y es allí donde el Estado debe buscar el equilibrio entre las partes involucradas mediante la aplicación de correctivos más sensatos para garantizar la equidad, la justicia y la responsabilidad a través de los estamentos de seguridad y del Ministerio Público en el desenlace de estos lamentables conflictos. Comprendemos a cabalidad el dolor que embarga a los familiares y trabajadores de la construcción por la irreparable pérdida de sus compañeros, pero antes de promover más acciones de protesta, deben establecer mecanismos adecuados para continuar la lucha sin afectar a terceros.
Poco falta para que la propia sociedad se enfrente a éstos -tengan o no la razón- debido a las vicisitudes que tienen que enfrentar los asociados en las calles por la obstaculización vehicular que conlleva fuertes discrepancias verbales y físicas entre conductores y manifestantes, lo que nos envía un claro mensaje de total desintegración, yendo en absoluto detrimento de nuestra democracia y bienestar socioeconómico ante los ojos del mundo.
Como última reflexión podemos señalar una frase muy atinada para este conflictivo escenario del famoso novelista Samuel Butler, "Cuanto más dura una disputa, más lejos nos hallamos del final".
El autor es comunicador social
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