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Reportaje especial
Panamá, martes 21 de agosto de 2007
 

LA MUERTE DE DOS OBREROS.

Inquietante intolerancia

Jose Blandón Figueroa

Veo con suma preocupación la reacción de algunos sectores de nuestra sociedad frente al reciente homicidio de dos obreros de la construcción. Independientemente de lo que se piense con respecto a las posiciones ideológicas o los métodos de lucha del sindicato al que pertenecían, se trata de dos seres humanos que han perdido la vida de manera violenta, en circunstancias poco claras, pero que indican un uso desmedido de la fuerza por parte de sus victimarios. A pesar de ello, hay quienes de manera velada tratan de justificar dichas muertes y peor aún, hay quienes incluso se atreven a plantear que las mismas son merecidas, porque "ya era hora que alguien confrontara al Suntracs". Y no es que el Suntracs sea un ejemplo de tolerancia. Pero justificar la intolerancia propia, con la supuesta intolerancia del contrario, no hace sino agravar el problema de la violencia que, lamentablemente, gana cada vez más terreno en la sociedad panameña.

A mi humilde entender, esto no puede desligarse del discurso oficial que busca reivindicar la represión vivida durante la dictadura, señalando que se trataba de una lucha por la soberanía, donde hubo errores y abusos "de parte y parte". Los discursos tipo Colamarco ("estoy orgulloso" de haber sido "batallonero") no hacen más que hacernos pensar que hay quienes se resisten a aceptar que participaron de un régimen dictatorial que conculcó las libertades individuales de nuestro pueblo. Pretender reescribir la historia, es parte de un proceso que busca, más temprano que tarde, acabar en la conclusión que ya algunos miembros del PRD han esbozado: para acabar la delincuencia, tenemos que volver al pasado de las Fuerzas de Defensa, "necesitamos" un dictador como Noriega, porque en esos tiempos no había tanta violencia. Si aunado a lo anterior, observamos que los índices de delincuencia han aumentado en los últimos años y la reacción ciudadana ante la creciente percepción de inseguridad, ha sido la de solicitar a las autoridades el aumento de las penas y la adopción de políticas de "mano dura", entonces tenemos que concluir, a primera vista, que da la impresión que comienza a surgir una corriente autoritaria en el seno de nuestra sociedad.

Lo más preocupante es que estudios científicos están indicando que, en efecto, existe un sector importante de la sociedad panameña, que aumenta con el paso de los años, que está propenso a apoyar propuestas de carácter antidemocrático. Por ejemplo, el estudio titulado Cultura política de la democracia en Panamá: 2006, auspiciado por la AID de los EU, indica que, del 2004 al 2006, el porcentaje de panameños que tienen un bajo nivel de tolerancia y un bajo nivel de apoyo al sistema institucional ha aumentado del 15.7% al 37.2%. Esos panameños, concluye el estudio, tienen valores que propician un "rompimiento democrático".

Esta situación plantea un gran desafío para los demócratas de nuestro país, no importa el partido político u organización en la que militemos. Hay un número creciente de panameños y panameñas que se sienten decepcionados de la democracia y que estarían dispuestos a apoyar a un gobernante que tome decisiones sin seguir las reglas de la democracia. Ese curso de acción inevitablemente termina haciendo realidad ese adagio popular que dice que "el remedio termina siendo peor que la enfermedad".

La democracia se construye día a día. Si no la mantenemos, si no la fortalecemos, la podemos perder. A mi generación, cuando éramos todavía muy jóvenes, nos tocó luchar en las calles y sufrir la represión gubernamental por exigir democracia para nuestro país. Que no sean nuestros propios errores, ahora en una etapa de mayor madurez, lo que permita que se pierda para nuestros hijos lo que tanto esfuerzo nos costó alcanzar…

El autor es diputado panameñista



 
 
 
 
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