| EL MALCONTENTO.
Bienvenidos a la ruta por descubrir
Paco Gómez Nadal
paco@prensa.com
Ciudadanos del mundo. Panamá abre sus brazos para acogerlos. Somos un país abierto que ha entendido que el futuro está en la movilidad humana, en el libre flujo de mercancías, ideas y… personas. Nuestras instituciones están listas para darles servicio, para atenderlos como se merecen. Tenemos diversas categorías para proporcionar una atención especializada. Usted puede elegir.
La primera es como comprador de apartamentos. Nosotros lo amamos porque este es uno de nuestros mejores negocios. Eso sí, no se asuste si hay algunos problemillas, estamos perfeccionando el sistema y por tanto no se suelen cumplir los plazos de entrega, ni las condiciones pactadas y, en algunos casos, ni siquiera se construye el apartamento que usted compró. Pero bueno… puede aprovechar su visita al país para ir a algún casino y gastar lo poco que el promotor dejó en su bolsillo. Una advertencia más: si es fulo y tiene acento rarito no se extrañe de que los precios varíen de manera especulativa. Es cierto que estamos alquilando y vendiendo apartamentos a precios ilógicos pero… entiéndanos, queremos generar riquezas para nuestros hijos, y muy rápido.
La segunda es como turista. Aquí hay subcategorías. Si usted tiene tarjeta de crédito gold o platino, las cosas se facilitan. Lo ideal es que venga pocos días, a un hotel de cinco estrellas y que gaste lo máximo en el mínimo tiempo posible. Si es así, lo vamos a premiar con buena atención y cariños varios. Si usted es de esos que no viene con mucha plata o que pretende quedarse más de 30 días en el país sabrá que está cometiendo un delito no escrito. Entre los hoteles de 200 dólares la noche y las pensiones de 7 dólares el camastro, no hay mucho. O sea, le tocará sufrir un poco, pero lo peor será si usted osa extender su estadía más allá de los 30 días reglamentarios. En ese caso, la Dirección de Migración estará dispuesta a recibirlo como novia de preso de La Joyita. Nuestras instalaciones son tristes, incómodas y están atestadas de gente y si quiere que lo atendamos deberá llegar antes de las 7:30 a.m. para pelearse por un pinche número y esperar luego el resto del día a que recibamos su solicitud con cara de mal humor y cobrando por el servicio -no crea que somos pendejos-.
La tercera es como residente en Panamá. Le confesamos que esta es un poco difícil. Tenemos visas para prostitutas e inversionistas de varios ceros, pero para gente normal no hay muchas opciones. Es decir, si usted es un emprendedor solitario, olvídese -le exigimos bastante más que a un empresario panameño-. Si es un profesional formado y quiere iniciar una carrera en Panamá, mejor asegúrese de llegar con todo solucionado. Es decir, un buen contrato de una empresa local con más de 10 empleados y buena plata para pagar a los abogados que por orden oficial son los únicos que podrán hacer sus trámites en Migración.
La cuarta es como inversionista. Aquí no hay muchos problemas si usted promete traer unos milloncitos al país. Su proyecto no tiene por qué ser viable, ni ético, ni bueno para el país. En este caso, la plata manda y damos residencias y pasaportes con bastante alegría. Por supuesto, usted no tendrá que pisar nuestras oficinas de Migración. Su plata camina por usted y además lo invitaremos a cuanto coctel y acto susceptible de páginas sociales que se dé en la ciudad. Nota importante: esto también aplica para dueños de casinos sin escrúpulos o para constructores que no construyan.
No es que Panamá sea diferente, comprenda que vivimos en un mundo sin fronteras para juguetes chinos cargados de plomo, medicamentos dudosos, cocaína y armas ilegales, pero lleno de barreras para las personas normales, los ciudadanos con sueños y anhelos a los que les decimos que el mundo es suyo justo antes de cerrarles las puertas en las narices.
La idea, querido visitante, es que si usted no tiene ingresos asegurados de cierto nivel, es sospechoso de maldad. Usted se convierte en un delincuente potencial que, además, tendrá la culpa de casi todo lo que pase en el país. La penalización de su ser dependerá, eso sí, de su pasaporte. De un gringo o de un europeo siempre sospecharemos menos que de un colombiano o un salvadoreño. ¡Faltaría más: nosotros sabemos distinguir entre calañas!
Somos, en definitiva, la ruta por descubrir. Es decir, usted tiene que descubrir cuál es su ruta, aunque para la mayoría esa ruta es la de la ilegalidad y la mentira, porque la verdad y la legalidad están reservadas para unos pocos.
El autor es periodista
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