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Panamá, lunes 20 de agosto de 2007
 

‘REALITY SHOW’ BRITÁNICO. EL GANADOR ASEGURA QUE NO CAMBIARÁ SU APARIENCIA.

El triunfo de un hombre común

Paul Potts, quien se dedicaba a vender celulares, se menospreció toda la vida. Ahora dice saber quién es.

El galés ganó el pasado 17 de junio un ‘show’ de talentos en Reino Unido. En la final ejecutó una opera.

myspace.com/officialpaulpottsmusic
CONCURSO. El galés superó su timidez y se hizo acreedor a 200 mil dólares, un contrato disquero y el estrellato internacional.898896
Vianey Milagros Castrellón
vcastrellon@prensa.com

El galés Paul Potts es el sueño dorado de cualquier productor de un reality show. El hasta hace dos meses vendedor de teléfonos celulares es la nueva sensación de la larga lista de ganadores de programas de talentos que se inició en el Reino Unido y que se ha propagado por los cinco continentes.

Es la antítesis de la estrella de la pantalla chica. Regordete, con los dientes retorcidos e inseguro. Su inseguridad fue evidente aquel 9 de junio cuando su audición ante los tres jueces de Britain’s Got Talent fue televisada.

Ante el jurado, liderado por el famoso Simon Cowell (creador y productor de American Idol), Potts anunció esa noche que venía a "cantar ópera".

La decepción anticipada se podía leer en la mirada de los jueces, y en el suspiro de fastidio de Cowell. Eso fue hasta que el cantante amateur comenzó su interpretación del Nessun Dorma de Giacomo Puccini.

El público en el estudio arrancó en aplausos, hubo más de una lágrima derramada y hasta el propio Cowell quedó con la boca abierta luego del minuto y 42 segundos que Potts estuvo en el escenario.

NACE UNA ESTRELLA

¿Qué diferencia a Paul Potts del resto de las estrellas de los reality shows? Los estudiosos del comportamiento humano dirían que el galés de 36 años logró durante las dos semanas que duró el concurso, que la audiencia comprara su historia del hombre que de niño fue acosado y que de adulto –tal como confesó en televisión nacional– se sintió toda su vida "insignificante".

Noche tras noche, los británicos vieron la transformación del tímido hombre que apenas se atrevía a hacer contacto visual con los jueces el día de su audición y que progresivamente desarrolló la confianza necesaria para declarar el día de la semifinal: "He descubierto que soy alguien. Soy Paul Potts".

El resto fue historia hasta la final, cuando Potts obtuvo la mayoría de los 2 millones de votos telefónicos que se registraron ese 17 de junio, lo que le aseguró no solamente la oportunidad de cantar ante Elizabeth II, sino un premio de 100 libras británicas (casi 200 mil dólares), un contrato disquero y el estrellato internacional.

La noche de su victoria, Potts solo durmió dos horas para iniciar su periplo de entrevistas en los programas matutinos.

Su triunfo se volvió, gracias a la internet, un suceso global. La historia de Paul cruzó el Atlántico y el mismo día que se convirtió en la nueva sensación de la cultura del reality, el teléfono de los productores de Britain’s Got Talent sonaban con pedidos de sus compatriotas estadounidenses que lo querían en sus programas.

Su página personal en www.myspace.com se volvió el nuevo sitio obligado para los fanáticos que empezaron a multiplicarse; youtube.com registró más de 10 millones de descargas de sus videos en los que se le ve cantando en el Rockefeller Center de Nueva York y siendo comparado con Luciano Pavarotti. Potts tiene incluso su propio espacio en Wikipedia, junto con presidentes y reyes.

Su álbum debut, One Chance (Una oportunidad), estuvo tres semanas de número uno en las listas de popularidad de su país y los boletos para la gira británica –que empieza en 2008– se venden rápido.

Potts ya ha dicho que a pesar de su apariencia poco glamurosa, no se someterá a ninguna "transformación tipo Hollywood". Esto le da esperanza al resto de los mortales que, como él, sueñan sentados en su sofá, frente al televisor, en ser la próxima estrella.

Los ‘reality show’, la nueva forma de ser famoso

En el mundo donde las Britney Spear y Paris Hilton son modelos a seguir, el triunfo en un reality show parece ser la manera más rápida para asegurarse una vida de rico y famoso.

Para sus ganadores –y hasta para los perdedores– es el trampolín para el mundo del espectáculo.

En el caso del colombiano John Paul Ospina, por ejemplo, finalista de la versión Latin American Idol del año pasado, su participación le dio el empujón final para convertirse en el presentador de E! News para América Latina.

La finalista de American Idol de 2004, Jennifer Hudson, se convirtió en la primera participante de un reality show en ganar un premio Oscar como mejor actriz secundaria por su actuación en Dreamgirls.

Es por esto que los aspirantes a ser la nueva Kelly Clarkson o el sucesor de David Bisbal hacen filas interminables cada año en Madrid, Houston y Caracas para convertirse en los nuevos ídolos.



 
 
 
 
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