| PRESAGIOS DE MÁS TURBULENCIA.
Ni rojo ni amarillo
Berna D. Calvit
Los violentos y trágicos sucesos de los últimos días entre grupos sindicalistas de obreros de la construcción son demasiado graves como para ser ignorados. Son alarmantes y presagios de más turbulencia y enfrentamientos con pasiones desbordadas que causaron la muerte de dos hombres humildes, que se suman a un largo rosario de muertes trágicas, casi inexplicables, (medicamentos envenenados, gente calcinada dentro de un autobús, obreros asfixiados dentro de un reservorio de desperdicios avícolas, enterrados por un deslizamiento de tierra…) que se han convertido en un "pasarse la pelota" y que se perfilan como casos que engancharán en el anzuelo de la justicia a las "sardinitas", no a los tiburones. En cuanto al sindicalismo bien ejercido, provechoso para meter en cintura a los malos patrones, es figura válida para la protección de los derechos del trabajador en cuanto a salario, condiciones de trabajo, trato justo y humano. Grupos como el de los educadores, médicos, obreros de la construcción y otros han logrado fortalecerse y han tenido éxito en sus demandas; algunos han escogido el camino de la negociación y la mesura aunque en ocasiones hayan recurrido a la presión por medio de huelgas y piqueteos. Lo censurable es cuando la práctica usual, constante, es colocarse en posiciones extremas y siempre antagónicas y recurren, en demasía, al uso de la violencia física y verbal. Si bien se fortalecen dentro del gremio, no suman al resto de la población y pierden simpatía y apoyo cuando sus acciones perjudican de manera general a los ciudadanos. Es el caso del Sindicato Único de Trabajadores de la Construcción (Suntracs), fundado en 1972, disciplinado, organizado, con un liderazgo firme, nutrida afiliación y buenos recursos económicos. Los choques recientes los motivó la aparición de Sindicopp al que acusan de sindicato "amarillo" amamantado por el gobierno para debilitar al rojo Suntracs; la historia muestra que en Panamá y otros países existe el "sindicalismo oficial" que reparte privilegios, cambalacha favores, y corrompe el sentido auténtico del sindicalismo. Suntracs no ha caído en esa trampa y hay quienes aseguran que gracias a la ayuda que recibe de fuentes extranjeras (dinero, viajes, capacitación). Así que bien podría ser cierto que Sindicopp y otros sindicatos menores le hacen contrapeso a Suntracs con la benevolencia de los gobiernos (este y los anteriores); es argucia tan vieja como los años de existencia de los sindicatos. Aun si fuese cierto, no puede pretender, en este caso Suntracs, impedir por la fuerza que quien así lo desee se afilie a otro sindicato sea color amarillo intenso o "amarillo patito".
La televisión mostró violencia de parte de ambos grupos; los obreros que portaban armas de fuego o armas blancas (¿por qué las llamarán así?) deben ser castigados, y el que asesinó a Osvaldo Lorenzo, llevado a juicio. "El que mata a un hombre por una idea, no mata una idea. Mata un hombre". Ojalá las autoridades puedan verificar si Oderbrecht se vio obligada a contratar a algunos "trabajadores" (maleantes) que se dedicaban a robar y dañar equipos como forma de presión para que los emplearan. La crisis se agudizó por la muerte de otro obrero en Isla Viveros. El denominador común en ambos enfrentamientos, fue que agremiados del Suntracs se presentaran a retar a obreros del sindicato rival sabiendo que con los ánimos exaltados de lado y lado, eran altas las probabilidades de mayor violencia. ¿Era lo que pretendían? Según Suntracs, las empresas que han pactado con Sindicopp explotan a los obreros e incumplen la ley. Ahora bien, si los que se afilian con Sindicopp lo hacen por su gusto y voluntad, Suntracs no logrará nunca, por las malas, hacerlos cambiar de tolda. El respeto al derecho ajeno es la paz, dijo Benito Juárez. La responsabilidad de exigir a las empresas el cumplimiento del Código de Trabajo y los acuerdos laborales individuales es del Gobierno, los únicos con la autoridad para hacerlo. Si no fuera así, ¡imagínese!, todos nos iríamos por la libre para satisfacer nuestros reclamos. Algo que está sucediendo por falta de fe en el sistema.
Mientras que hay grupos protegidos por sindicatos, otros están huérfanos de protección, abusados por los patrones más allá de lo tolerable; situación, crítica en el sector comercio (almacenes, tiendas) hecho conocido y público. Los propietarios de estos negocios utilizan el salario del miedo para someter a condiciones humillantes, insalubres, sueldos míseros y contratos temporales que evaden obligaciones patronales, negando el derecho a la cobertura de seguridad social; son despedidos sin derecho a nada, a voluntad del empleador. Los gobiernos poco o nada han hecho para obligar a este poderoso grupo de la economía nacional a ceñirse al Código de Trabajo, tal vez porque suelen ser muy amable$ con los políticos. Para finalizar, ante lo que pinta como una crisis severa (lucha por espacios de poder) que puede conducir a la inestabilidad social y económica, no bastan las palabras apaciguadoras del presidente Torrijos. Los protagonistas que hoy nos tienen inquietos son toros que deben ser llevados al redil para cogerlos por los cachos, examinarles rabo, panza, todo. Esos toros son las empresas, los sindicatos y los funcionarios. Un proverbio galés dice que "El que quiere ser líder, debe ser puente". No dice nada de nombrar comisiones. Y en estas circunstancias urge que el presidenteTorrijos se convierta en puente.
La autora es comunicadora social
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