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Reportaje especial
Panamá, martes 14 de agosto de 2007
 

BROOKE ASTOR. A LOS 105 AÑOS SE FUE una GRAN FIGURA DE LA SOCIEDAD DE NUEVA YORK.

La gran manzana, de luto

Durante su vida, Astor donó casi 200 millones de dólares a instituciones culturales y gente humilde.

En 1998 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad, el mayor reconocimiento al que puede acceder un civil.

THE NEW YORK TIMES/Archivo
PASIÓN. ’Quiero devolverle todo a la ciudad de Nueva York, y casi se lo he dado ya’, dijo en 1993. 896052
Santiago Fascetto
sfascetto@prensa.com

El desafío era grande: el nuevo mundo estaba lejos de las costumbres de la vieja Europa. Pero el príncipe Carlos de Inglaterra no se atemorizó. Tenía una idea fija: que su entonces novia, Camilla Parker, ingresara a los altos círculos de la sociedad neoyorquina.

Y para lograr su cometido llamó a la única persona que podía garantizar el éxito de su propósito: Brooke Astor, la gran dama de Nueva York.

Camilla Parker compartió un almuerzo en 1999 con Astor y a partir de allí la ahora segunda esposa del heredero del trono de Inglaterra pudo entrar por la puerta grande al nuevo continente, según relata en un artículo el diario español El País.

Desde ayer, varios príncipes, reyes y hombres de la élite del mundo empresarial y artístico no tendrán con quién comer en Nueva York: la dirigente cívica y filántropa murió en Estados Unidos a los 105 años.

Dama de la alta sociedad, Astor no tenía reparos a la hora de ayudar: donó casi 200 millones de dólares a las grandes instituciones culturales de la gran manzana y a proyectos para los más humildes. Su trabajo desinteresado le valió en 1998 el mayor reconocimiento al que puede acceder un civil, la Medalla Presidencial de la Libertad.

"Brooke es una mujer extraordinaria que ha dado mucho a mucha gente", dijo tiempo atrás el millonario David Rockefeller, amigo cercano de la diva. Algo de razón tenía: Astor donó gran parte de su fortuna a la Biblioteca Pública, al Museo Metropolitano de Arte, al Museo de Ciencias Naturales y al Parque Central.

Pero sus millones –de la herencia de la familia de su último esposo– también llegó a los menos favorecidos: muebles para familias, casas y preservación de iglesias, fueron algunas de sus acciones.

Historia paralela

El apellido Astor es parte del paisaje de Nueva York, al igual que la joya de la familia: el imponente hotel Waldorf-Astoria.

Brooke tomó el apellido de su tercer esposo, Vincent, quien perdió la vida en 1959.

Vincent era el único heredero de John Jacob Astor, un exitoso comerciante en pieles y propiedades inmobiliarias quien tuvo su "mala hora" cuando decidió comprar un pasaje en primera clase para el viaje inaugural del Titanic: perdió la vida en el hundimiento de la nave en 1912.

"Quiero devolverle todo a la ciudad de Nueva York, y casi se lo he dado ya", dijo Astor a la ABC en 1993. Ayer se apagó su vida, aunque su corazón permanecerá en algún rincón de la gran manzana.

Una disputa legal tiñó de tristeza sus últimos años

Brooke Astor pasó los últimos años de su larga vida en medio de una disputa legal surgida en el propio seno de su familia.

El problema asomó a raíz del manejo de la millonaria herencia familiar.

En julio de 2007, el nieto de Astor, Philip Marshall, denunció a su padre ante los tribunales de Nueva York por "abuso de ancianos", según publicó el diario neoyorquino Daily News. Según Marshall su padre –único hijo de Astor– la mantenía encerrada en un dúplex de Park Avenue, a pesar de que recibía por año unos 2.3 millones de dólares para su sustento.

El nieto añadía en la denuncia, asimismo, que el cuarto de su abuela estaba tan frío en invierno por falta de calefacción, que Astor debía trasladarse a dormir a la sala de recreación sobre un sofá con olor a orina.

Finalmente, la denuncia no favoreció a su hijo, Anthony Marshall, quien fue reemplazado como custodio legal de la anciana por Annette de la Renta, esposa del diseñador de modas Oscar de la Renta, amigo de la filántropa.



 
 
 
 
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