| PARA ACABAR CON EL SUBDESARROLLO.
Investigación científica y primer mundo
Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net
Existen múltiples maneras de valorar si una nación pertenece o no al llamado primer mundo. Aunque, en todo territorio, existen personas con actitud vanguardista y otras con precariedad mental, la categoría de sociedad desarrollada se otorga al país en su conjunto. Por más bonanza económica que se espere y más facilidad empresarial que se propicie, no podremos salir del subdesarrollo basados únicamente en esa simpleza del pensamiento neoliberal. De no minimizar el nivel de pobreza, fortalecer la clase media, transformar la educación pública, erradicar la mediocridad general, adecentar la justicia y castigar la corrupción, venga de donde venga, viviremos anclados en el subdesarrollo. ¿Cómo pretender una óptima civilización si los intentos de la Procuradora por sacar a maleantes del sistema son cercenados por lamentables decisiones de la CSJ, si muchos personajes gubernamentales se manejan más pensando en el partido que en el pueblo, si la única forma de reclamación ciudadana es insultar y cerrar calles, si la dirigencia sindical vive fosilizada en ideologías de antaño, si maestros y alumnos promueven haraganería sobre esfuerzo académico, si no se practica una laicidad estatal efectiva, si el urbanismo y la edificación inmobiliaria crecen de forma anárquica sin respetar ambiente, tranquilidad o movilización vehicular o si el arte y la cultura constituyen rarezas ciudadanas? Mejor no sigo.
Por fortuna, no todo es desesperanzador. La investigación científica está transitando por senderos de avanzada. Por un lado, Senacyt está haciendo una labor quijotesca para motivar la formación de investigadores, financiar proyectos relevantes y tratar que el conocimiento generado se vierta a la sociedad para beneficio colectivo. Por otro lado, el Instituto Gorgas está robusteciendo la cantidad y calidad de investigación de su personal, generando alianzas estratégicas con otras instituciones científicas nacionales e internacionales, consiguiendo dinero a través de autogestión y ejecutando proyectos experimentales impactantes. Y, finalmente, la investigación médica está incrementándose a niveles sin precedentes en el ámbito local. Este último aspecto es el que resaltaré en este escrito.
Panamá cuenta con un número notable, cada vez más palpable, de médicos investigadores. Los proyectos culminados, presentaciones en foros y publicaciones logradas por prestigiosos galenos del Instituto Oncológico, Hospital Santo Tomás, Hospital José Domingo de Obaldía, Hospital de Especialidades Pediátricas, Complejo Hospitalario Metropolitano y Hospital del Niño, traducen inobjetable calidad. Ya no solo los facultativos anglosajones o europeos escriben en libros de medicina y revistas científicas de renombre sino que, con mayor frecuencia, panameños muestran similar habilidad y se codean con expertos del primer mundo. Aparte de los méritos individuales e institucionales conseguidos, lo verdaderamente importante es que estas experimentaciones favorecen, directa e indirectamente, a los pacientes y elevan los estándares de la medicina practicada en suelo patrio. Por participar en estos estudios, habitantes humildes con cáncer, sida y otras patologías severas, reciben tratamientos novedosos, idénticos a los que se ofertan en países desarrollados. Dos ejemplos, pidiendo excusas por mis sesgos personales, ilustran las numerosas ventajas que la investigación clínica trae para el país.
Recientemente, más de 100 profesionales criollos concluyeron una investigación de una vacuna contra el rotavirus, principal causante de diarreas severas en niños. Este trabajo fue distinguido por la famosa revista británica Lancet como mejor investigación del año 2006, elegida entre más de 500 mil publicaciones mundiales, evento que marca un hito en la historia de la investigación latinoamericana. El Minsa decidió que Panamá fuera el primer país en incorporar esta vacuna al esquema nacional, decisión aplaudida en múltiples eventos internacionales. Los frutos de dicha decisión ya repercuten en las tasas observadas de diarrea a nivel nacional.
Nos aprestamos, ahora, a iniciar un extraordinario proyecto para evaluar la utilidad de una novedosa vacuna contra el neumococo, germen responsable de millones de muertes por neumonía, sepsis o meningitis en todo el mundo y principal causa de otitis y sinusitis en pediatría. Un total de 7 mil niños panameños serán beneficiados por esta investigación, quienes, además de recibir este producto, serán receptores de vacunas modernas no disponibles todavía en el programa nacional de inmunización. Estos pacientes serán manejados por un extenso grupo de enfermeras y pediatras, ampliamente adiestrados y motivados, quienes vigilarán estrechamente su condición clínica global por los próximos 3 años. La empresa patrocinadora, a través de Indicasat y HRI, dos instituciones de la Ciudad del Saber, se ha comprometido en financiar capacitación profesional, dotación de tecnología e insumos para los centros participantes, instalación de internet y computadoras en instalaciones sanitarias, transporte, medicinas y atención gratuita de los infantes en clínicas privadas e incentivos profesionales a más de 200 colaboradores (profesionales de salud, secretarias, digitalizadores, mensajeros, recepcionistas y técnicos diversos).
Es necesario resaltar que el bienestar del sujeto que participa en una investigación debe privar sobre cualquier interés científico o empresarial de fondo. Por tanto, este proyecto ha sido rigurosamente evaluado por comités nacionales e internacionales de ética para asegurar que los beneficios potenciales superan, con creces, los posibles riesgos. Además, a toda madre se le explica con detenimiento la naturaleza del estudio y, sin coacción alguna, ella decide la inclusión o no de su vástago en la investigación. De no querer ser incluido en el estudio, el niño continuará recibiendo atención oportuna y de calidad por parte del funcionario encargado, quien tiene la obligación moral de atender a todos sus pacientes en igualdad de condiciones. Actualmente, se considera que el no tener la opción de participar libremente en una investigación médica constituye una violación de derechos humanos básicos.
Como atinadamente señala Thomas Friedman en su libro The world is flat, para que un país sea competitivo en este mundo global, se requiere formar un gran número de científicos y disponer de los mejores cerebros, nacionales o foráneos, al servicio de loables intereses. Sería injusto no reconocer la visión progresista del gobierno actual en impulsar innovación, investigación y conocimiento, como herramientas indispensables para acercarse al primer mundo en el campo del saber. Ojalá, estas iniciativas sean emuladas por otras disciplinas, peligrosamente atrasadas, y así encauzar a la nación por rumbos anhelados de desarrollo. Para lograrlo, solo necesitamos gente honesta, trabajadora y creativa. En Panamá, también hay.
El autor es médico
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