| MALAMBO.
Domingo de sonrisas
Mery Rodríguez Mendoza
Elizabeth tiene nueve años, un carisma como el de ninguna otra pequeña de su edad que haya conocido antes, y una sonrisa constante.
Hoy (el domingo pasado) ha sido un domingo hermoso y diferente. Y no fue porque estuve en algún lugar paradisíaco, un hotel de playa, o cenando en algún climatizado y caro restaurante de la ciudad; ese día me la pasé en una casa pequeña, habitada por niños. Unos pequeños que irradian una alegría permanente.
Gracias a un amigo de la Universidad, me enteré de una fiestecita que le tenían preparada a los pequeños del Hogar San José de Malambo, un lugar por el que había pasado en muchas ocasiones, pero al que nunca había tenido la oportunidad de entrar y conocer más a fondo sobre lo que que sucede ahí.
Como todo hogar de niños que no están con sus familias, puede que en algún momento uno respire tristeza, es lo normal, pero jamás me atrevería a decir que lástima, porque estaría siendo injusta con las grandes personas que día a día laboran por el bienestar de los chicos y de muchos otros que se ocupan de ellos los fines de semana, y todo para darles una mejor oportunidad de vida a esos niños, basada en el amor que sus familiares les han negado.
Por este medio expreso mis sinceros respetos a quienes trabajan en el Hogar San José de Malambo y en todas las instituciones del país que centran sus esfuerzos en cultivar los valores y la educación en los niños y niñas, que por algún motivo no viven con sus padres.
Gracias a esas nobles personas, esos niños, que alguna vez se convertirán en adultos, serán los hombres y mujeres que llevarán nuestro país adelante.
Experiencias como esta nos llevan a reflexionar sobre las limitaciones que muchas veces nos creamos, y no encontramos la manera de ayudar a los demás, porque solo pensamos en nuestros problemas; pero hay gestos que cambian la vida de las personas y al buscar el bienestar ajeno, también podemos encontrar el nuestro.
La autora es estudiante de derecho
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