| ENTREVISTA.una familia cafetera.
Plinio Ruiz: De camionero a exportador millonario
La generación de relevo que asumirá la administración de Café Ruiz ya está lista.
El líder de la empresa tiene nuevos planes: vender abono orgánico en toda Latinoamérica.
| LA PRENSA/Boris Gómez |
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| AYER Y HOY. Plinio Ruiz muestra una foto de su juventud en la que aparece acompañado de su esposa, Elisa Aurora de Ruiz. 893653 |
Boris Gómez
Especial para La Prensa
negocios@prensa.com
BOQUETE, Chiriquí. Sentado al lado de una gran foto en blanco y negro en la que aparece junto a su esposa, Plinio Ruiz recuerda que hace casi 35 años, su empresa, Casa Ruiz, manejó por primera vez la cifra de un millón de dólares en transacciones anuales.
Fue en Boquete donde nació el 17 de enero de 1922. Fue en esa localidad donde aprendió a trabajar, crió a sus hijos y escogió a Elisa Aurora de Ruiz como su compañera.
Conserva la casa donde creció, aunque vive en Los Naranjos con su familia. Se considera un autodidacta pues no hizo estudios universitarios. Se afana asegurando que Café Ruiz está al tope de las empresas exportadoras cafetaleras de Panamá y, no conforme, tiene nuevos proyectos.
–¿Cuáles son las tres cosas más importantes de la vida?
–Lo primero es la familia, que es la célula de una nación. Si una familia es robusta desde el punto de vista espiritual, moral y educativo, progresará. Y si la gran mayoría de las familias lo son, entonces la nación irá adelante. Después, la educación. No hay pueblo que progrese si no se educa. Y, tercero, lo que todos los miembros de una nación debemos reconocer: que Dios nos entregó unos bienes, que son la vida y el planeta, y que algún día vamos a rendir cuentas por la forma en que los administramos.
– ¿Quién le enseñó el camino?
–Curiosamente una mujer: mi madre fue la que me enseñó a ser un hombre fuerte. Rosa De Ruiz es la persona que mejor influyó en mí. Mi padre fue un hombre destacado, pero a mi mamá siento que le debo todo.
– ¿Cómo fueron sus inicios en la vida comercial?
–Terminaríamos de hablar mañana. En resumidas cuentas, puedo decir que hice de todos los trabajos posibles. Vendí flores, estudié en Guatemala gracias una beca de un seminario bíblico, fui agricultor, camionero y hasta mecánico de camiones.
–¿ Cómo era la vida de camionero en un país sin carreteras?
–Muy dura. Uno sabía la hora de salida, pero nunca la de llegada. Pero era gente excelente. Nos ayudábamos siempre que teníamos problemas. Nunca se dejaba a nadie tirado en la carretera. Lo malo de esos días es que no siempre había un teléfono para saber cómo estaban los hijos, que a veces se quedaban con sus madres, enfermitos. Las mujeres de esos años eran fuertes, resueltas. Se encargaban del hogar aunque uno no estuviera.
–¿Cuándo empezó a prosperar económicamente?
–Yo comencé con una camioneta pick up para llevar productos a los mercados. Abrimos Casa Ruiz con una licencia comercial, y si había que vender arroz, frijoles, pescado, zapallo, ñame o hasta otoe, lo vendíamos. Pero empezamos a prosperar cuando logré hacerme revendedor de café para algunas firmas de prestigio. El secreto del éxito fue conocer el negocio. Al empezar los años 70 tuve que ponerme de acuerdo con mi esposa para que dejara la vida profesional de maestra y me ayudara a administrar el negocio. No fue fácil: su vocación de docente era casi inquebrantable. Llegué a amenazarla para que viniera a Casa Ruiz. Le dije que si no venía, contrataría a una secretaria bien, bien bonita.
–¿Como conquistó a su esposa?
–La elegí por ser una joven aplicada. La observé desfilar en unas fiestas patrias con la cinta de alumna distinguida. Una tarde llegó a mi casa para que le ayudara con una tarea. Como yo tenía libros y era lector, me ofrecí a buscarle unas ilustraciones. Le mostré una foto mía y le pregunté: "¿no te gusta esta ilustración?". Me desairó al contestar con desdén: "No". "¿Por qué?", le dije extrañado. "Es que me gusta la imagen en persona", me respondió con firmeza y en tono retador.
Tenemos cuatro hijos y ocho nietos, y después de tantos años estoy seguro que no pude elegir mejor.
–¿Sus hijos están en el negocio de la exportación?
Todos. Plinio, Marielisa, Josué y Lía se prepararon en las universidades, y ya el relevo está listo. Uno de mis triunfos, si no el mayor, es haber contagiado a mi familia entera de mis aspiraciones, que creyeran en ellas y que echáramos a andar la carreta juntos.
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